“No se olviden de rezar por mí”, pide papa a Colombia

Desde Roma, Francisco habló de los temas cruciales de su visita a Colombia: la paz, la reconciliación, el perdón y el cuidado de la naturaleza.
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Antes de dar ese mensaje inspirador al pueblo colombiano, a las 7 de la noche en Roma, de hablar de ese desafío de conseguir la paz y de la necesidad de cuidar la naturaleza –y de pedir que oraran por él–, el papa Francisco ya había hecho un montón de cosas.

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Como siempre, sin excusas, se levanta de la cama a las 4:45 de la mañana y se dispone para la agenda diaria, que es una maratón y, tal vez, un abuso para un hombre de 80 años. Es el reloj biológico el que lo despierta. Reza. Se concentra en las sagradas escrituras. Celebra la misa y lee algunas de las cuatro mil cartas que, en promedio, le llegan a su despacho pidiéndole consejo o que interceda ante Dios para que les conceda un milagro. Y él contesta. No todas, pero contesta. Saluda a esa imagen de San José acostado que tiene afuera de su cuarto en la casa de Santa Marta y en la que deposita mensajes con su puño y letra, pidiéndole favores y contándole sus penas. Un San José dormido, de lado, que atesora las más grandes angustias suyas y de la Iglesia. Esas y muchas cosas más hace cada día, según cuentan sus más cercanos colaboradores.

Pero cinco horas antes de enviar ese mensaje a Colombia, en un video de cuatro minutos y 30 segundos, se reunió con cerca de cuatro mil jóvenes –la mayoría brasileños– de la comunidad católica Shalom.

A un joven llamado Mateus, quien confesó que pasó varios años en las drogas hasta que le encontró razón de ser a su vida tras conocer a Cristo, le dijo, en español: “Por mucho tiempo, pasaste por el túnel de la droga y es uno de los instrumentos que tiene la cultura en la cual vivimos para dominarnos, y es, por otro lado, como una necesidad que nosotros tenemos para hacernos sutiles, invisibles a nosotros mismos, como si fuéramos de aire. La droga nos lleva a negar todo lo que tenemos de arraigo, de arraigo carnal, de arraigo histórico, de arraigo problemático, todo lo que sea arraigo. Te quita la raíz”.

Pero antes de esa respuesta le preguntó, como lo hace siempre en sus intervenciones, de manera jocosa: “¿Quién es mejor Maradona o Pelé? Y todos soltaron una carcajada. Y como la mayoría de los presentes venía de Brasil, se escuchó muy fuerte: “Peléeeeee”.

A otro muchacho, Justine, le habló de uno de los problemas de la juventud moderna. “Hay una imagen que me viene ahora, esta cultura que nos toca vivir, como es muy egoísta, muy así (gesto), de mirarse a sí mismo, tiene una dosis muy grande de narcisismo, de ese estar contemplándose a sí mismo, y por lo tanto, ignorar a los demás. El narcisismo te produce tristeza porque vivís preocupado de maquillarte el alma todos los días, de aparecer mejor de lo que sos, de contemplar si tenés una belleza mejor que la de los demás, es la enfermedad del espejo. ¡Jóvenes, rompan el espejo! No se miren al espejo, porque el espejo engaña; miren hacia afuera, miren hacia los demás”, dijo con voz fuerte y todos aplaudieron un buen rato.

Horas más tarde, saludó a los colombianos y recordó que faltan ya pocas horas para su viaje.

“Demos el primer paso”

“Iré como peregrino de esperanza y de paz, para celebrar con ustedes la fe en Nuestro Señor, y también para aprender de vuestra caridad y vuestra confianza en búsqueda de la paz y la armonía”, leyó con su marcado acento argentino y agradeció la invitación al presidente Juan Manuel Santos y a los obispos de la Conferencia Episcopal; también a los colombianos por “acogerlos en su tierra y en su corazón”.

Y habló del lema de su visita: “Demos el primer paso. Nos recuerda que siempre se necesita dar un primer paso para cualquier actividad y proyecto; y nos empuja a ser los primeros para amar, para crear puentes, para crear fraternidad. Dar el primer paso nos anima a salir al encuentro del otro, a extender la mano y darnos el signo de paz. La paz que Colombia busca hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla”.

A propósito del tema de la paz, un paisano suyo, el periodista argentino Andrés Beltramo, experto en temas vaticanos, dice al frente de la Basílica de San Pedro en una Roma soleada y esplendorosa: “La visita del papa no se reduce a bendecir un tratado de paz o una fracción política. El papa es mucho más ambicioso y lo que quiere es promover la reconciliación verdadera en un proceso mucho más amplio que involucre a toda la sociedad. Se subestima al papa cuando se piensa que avala solo una parte política”.

A dos días de su viaje a tierras colombianas, a bordo del avión Pastor 1, de la aerolínea Alitalia –en el que lo acompañará una comitiva de 40 personas cercanas del Vaticano y 80 periodistas de todo el mundo– se ve sereno y optimista. Sabe que “dará mucho lío” en Colombia, como dicen en Argentina.

Por eso, termina su mensaje pidiendo ayuda:

“Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias y hasta pronto”.
 

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