OEA elige a nuevo secretario general inmersa en crisis de identidad

Insulza concluye su mandato oficialmente el 25 de mayo. El político chileno fue elegido secretario general de la OEA en mayo de 2005 y reelegido en marzo de 2012.
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Foto archivo.

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La Organización de Estados Americanos (OEA) elige este miércoles a un nuevo secretario general en un momento de baja credibilidad e inmersa en una crisis de identidad ante el creciente número de organizaciones regionales.

La carrera por suceder al chileno José Miguel Insulza comenzó en junio de 2014 cuando Uruguay presentó la candidatura del entonces canciller Luis Almagro. Más tarde se presentaron el peruano Diego García Sayán, juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), y el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein.

Almagro, que ahora es senador en Uruguay, se quedó como único candidato al puesto, tras la retirada García Sayán a finales de octubre alegando falta de apoyo del gobierno peruano y la de Stein en enero por problemas de salud.

"Que haya un solo candidato no es bueno porque no es una elección, sino una maniobra burocrática", opina Héctor Schamis, profesor de estudios latinomamericanos de la universidad de Georgetown.

Para salir elegido, Almagro necesita al menos 18 votos de los 35 estados miembros de la OEA. Su elección parece asegurada, ya que es el único candidato y cuenta hasta ahora con el apoyo público de más de 20 países, según confirmaron fuentes de su candidatura.

Insulza concluye su mandato oficialmente el 25 de mayo. El político chileno fue elegido secretario general de la OEA en mayo de 2005 y reelegido en marzo de 2012.

El nuevo secretario general se encontrará con una OEA en crisis, según coinciden varios expertos consultados por dpa.

"Almagro encontrará una OEA en un estado de desmoralización general, con una erosión de la misión de la OEA por la inacción ante los casos de violación de derechos, que siempre fue central en la organización", según Schamis.

"La OEA enfrenta serias restricciones presupuestarias, el surgimiento de foros alternativos como Unasur y CELAC, y las divisiones ideológicas entre los países de la región que hacen difícil consensuar un plan de acción. Muchos países de la región, y también Estados Unidos, dudan de que la OEA siga siendo relevante", explica Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano.

Cynthia Arnson, directora del programa de América Latina del Wilson, considera que la OEA se enfrenta a "enormes desafíos para el futuro: desafíos financieros y desafíos políticos".
La OEA sufre una crisis financiera grave. Los expertos consideran que tendría que reducir sus mandatos para evitar la dispersión y ajustarse al presupuesto de 84,3 millones de dólares anuales.

También proponen revisar las cuotas que pagan los estados miembros para que no haya tantos desequilibrios, ya que actualmente el 81 por ciento del presupuesto lo pagan tres países (Estados Unidos, Canadá y Brasil). Otro problema que hay es que algunos países se retrasan en el pago de sus cuotas, lo que crea graves problemas presupuestarios.

Y principalmente el nuevo secretario general deberá lidiar con la crisis de credibilidad que ha sufrido la OEA en los últimos años.

"LA OEA se encuentra en su punto de credibilidad más bajo en décadas", asegura Juan Carlos Hidalgo, analista de políticas públicas sobre América Latina del instituto CATO. Uno de sus retos será "cómo lidiar con esos regímenes cuya fachada es democrática, pero que su naturaleza es cada vez más autoritaria", añade Hidalgo.

Los expertos también creen que la OEA, creada en 1948, deberá encontrar su lugar dentro del creciente número de organizaciones regionales, para evitar duplicaciones de sus misiones.

"Se debe evitar una agenda demasiado ambiciosa y concentrarse en sus fortalezas. Sobre todo, debe aprovechar su condición de único foro político en el que todos los países latinoamericanos pueden discutir con los Estados Unidos y Canada en igualdad de condiciones. Ese es el principal activo de la OEA", considera Shifter.

El próximo secretario general también deberá mantener la autonomía de la OEA y defender la vigencia del sistema inteamericano de derechos humanos, cuestionado en los últimos años por algunos gobiernos. Y al mismo tiempo evitar que el organismo sea percibido como una herramienta de Estados Unidos para controlar la región.

"Para que la OEA recupere legitimidad y relevancia, países como Brasil y México deben incrementar su participación, y se debe evitar una ruptura total con los países del ALBA", señala Shifter.

El presidente del Diálogo Interamericano considera que el acercamiento entre Washington y La Habana es "una gran oportunidad para superar las divisiones que afectaron a la OEA en el pasado", aunque cree que las recientes sanciones de Estados Unidos a funcionarios venezolanos "afectarán de manera negativa las relaciones interamericana".

Para lograr todo esto, Almagro, un político uruguayo de larga trayectoria diplomática, requerirá de una gran habilidad política.

"La experiencia de los últimos diez años indica que se trata de una tarea muy difícil, porque se deben balancear las posiciones de los Estados Unidos con las de los países del ALBA, liderados por Venezuela, y también grandes países como Brasil, los del Caribe, y esto es muchas veces imposible", explica Shifter.

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