Obama da gestos de sintonía con la Iglesia en la visita a la Catedral porteña

Así como el pontífice argentino entró a Estados Unidos desde Cuba, en el viaje que hizo en septiembre del año pasado, Obama quiso rendirle homenaje en su propia casa, después de visitar La Habana.
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En una visita que excedió lo protocolar y en la que los gestos pesaron más que las palabras, Barack Obama recorrió la Catedral porteña y afianzó su sintonía con el papa Francisco. Así como el pontífice argentino entró a Estados Unidos desde Cuba, en el viaje que hizo en septiembre del año pasado, Obama quiso rendirle homenaje en su propia casa, después de visitar La Habana, por su decisiva contribución al último deshielo de la Guerra Fría.

Observó detenidamente el escudo pontificio de Francisco, que lleva el lema de la misericordia y se conserva detrás del altar, y le comentó al cardenal Mario Poli, sucesor de Jorge Bergoglio en el arzobispado de Buenos Aires, “el encuentro tan cordial” que mantuvo con el Papa.  Sin romper el protocolo y sin caer en estridencias, la informalidad fue uno de los rasgos  de la visita, que se prolongó durante 20 minutos.

Obama llegó puntualmente a las dos de la tarde, junto con la canciller Susana Malcorra. “Estoy estudiando español, pero todavía no me animo a hablarlo”, le confió casi en secreto –con la traductora a su lado– al padre Alejandro Russo, rector de la Catedral, que lo recibió y lo condujo hacia el altar por la nave central de un templo semidesierto.

En el altar lo esperaba Poli, junto con el nuncio apostólico, el arzobispo suizo Emil Paul Tscherrig, y los obispos auxiliares Joaquín Sucunza y Enrique Eguía Seguí, que estrecharon su mano.

Obama también saludó al secretario de Culto, Santiago de Estrada; al subsecretario del área, Alfredo Abriani, y al doctor Alberto C. Taquini (h.), un educador y académico católico que coordinó la visita del presidente norteamericano, luego del interés mostrado por el embajador Noah Mamet, quien se acercó personalmente a la Catedral en los primeros días de marzo para llevarle la propuesta al padre Russo.

Poli leyó una oración en la que recordó el bicentenario de la Independencia y valoró la “entrega desinteresada y noble del general José de San Martín y sus servicios a la libertad y la justicia”.

Acompañó luego al presidente de Estados Unidos en la recorrida por el Mausoleo de San Martín –Obama ingresó con la canciller Malcorra y depositó una ofrenda floral– y el mural que recuerda a las víctimas del Holocausto, que fue inaugurado por el cardenal Antonio Quarracino en 1997, en homenaje a los muertos por la Shoá y los atentados a la embajada de Israel y la AMIA. Obama posó para una foto y después observó el Cristo Crucificado que se conserva desde 1810 y el cuadro que reproduce el escudo pontificio de Francisco.

Pocas veces la Catedral cierra sus puertas para recibir a un visitante.  Con el homenaje a San Martín al pie del mausoleo, el gobierno norteamericano encontró la forma de rendir homenaje al Libertador en un ámbito cerrado y no en un sitio abierto, como lo aconsejaban las estrictas medidas de seguridad. En 1997, Bill Clinton había encabezado un acto al aire libre en la plaza San Martín, con Carlos Menem.

Para apuntalar el valor de los símbolos en la visita de Obama a la Catedral, en medios eclesiásticos se interpretó el gesto como un reconocimiento a la Iglesia norteamericana, cuyos cardenales tuvieron influencia en la elección del papa Francisco, en el cónclave de 2013.

Los testigos presentes en la visita observaron que Poli y Obama conversaban animadamente. Experto en temas de historia de la Iglesia, el cardenal le mostró la imagen de la Virgen de Luján y le contó la historia del Negro Manuel, que en el siglo XVII tuvo una intervención decisiva en la difusión del culto a la Virgen y cuyos restos descansan detrás del altar mayor del santuario de Luján.

Al contemplar la imagen del Cristo Crucificado –la más antigua que se conserva en Buenos Aires–, le explicaron a Obama las raíces históricas y culturales que identifican a la Iglesia con el nacimiento de la patria. El padre Russo le dijo que ante esa misma imagen rezaron los hombres de la gesta de mayo de 1810, que se comprometieron a unirse todos los años en oración para dar gracias, lo que se materializó a partir del año siguiente con el oficio del tedeum. Ese gesto sólo se interrumpió a partir de 2007, durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner.

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