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“Parecía como cuando estábamos en guerra aquí”

Un salvadoreño que vivió en carne propia las horas de zozobra del viernes por la noche en París compara su experiencia con los años de guerra en El Salvador.
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EstadioEl primer suicida, un hombre con pasaporte sirio, detonó su chaleco explosivo en la puerta G del estadio. Él y un transeúnte murieron.

EstadioEl primer suicida, un hombre con pasaporte sirio, detonó su chaleco explosivo en la puerta G del estadio. Él y un transeúnte murieron.

“Parecía  como cuando  estábamos en guerra aquí”

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Un salvadoreño que se encontraba el viernes pasado en París le contó ayer a LA PRENSA GRÁFICA sus vivencias de una noche de terror en la capital francesa.

Adolfo Rodrigo Cañas es salvadoreño y se encontraba en el lugar de los hechos, en un bar de Saint Denis, cuando se escuchó la primera de las detonaciones, que no produjo ningún tipo de alerta.

Hasta ese momento, quienes se encontraban en los alrededores, Cañas uno de ellos, no estaban al tanto de que el mundo tenía ya puestos los ojos sobre los atentados terroristas que han sido los más sangrientos que ha sufrido el país europeo desde la Segunda Guerra Mundial.

Al momento del segundo estallido, el bar en el que se encontraba el compatriota retumbó. “La segunda detonación fue la que nos obligó a tirarnos todos al piso”, recuerda. Momentos después, hombres abrieron fuego en uno de los bares de la zona. Ese fue el momento en el que la histeria colectiva se desató. Luego de eso, él relata que se escucharon más detonaciones de armas de fuego, de las que aún no sabe si pertenecían a cuerpos de seguridad o fueron las que acabaron con la vida de más de 100 personas esa misma noche.

“Parecía como que estábamos en la guerra aquí, en los años ochenta. Cuando se empezaron a escuchar gritos de personas asustadas, eso empezó a generar pánico. El pánico desencadenó en todos nosotros una reacción de correr, pero no sabíamos hacia dónde, o qué era, solo sabíamos que algo malo estaba pasando”. Para ese momento las calles ya estaban abarrotadas de personas.

“Instintivamente lo que hicimos fue quedarnos dentro del restaurante, en lo que los cuerpos de seguridad empezaban a abarrotar las calles. En ese momento lo primero que pensé fue: un atentado”. Las calles estaban ya plagadas de personas gritando y llorando. “Alguien dijo: ‘nos van a poner bomba a nosotros’, en ese momento fue que la gente empezó a correr en desbandada”.

El caos que duraría mayor parte de la noche del viernes y madrugada del sábado se desató. París, la “ciudad del amor”, se convirtió en zona de guerra.

“Las fuerzas de seguridad iban hacia un lado y nosotros comenzamos a correr hacia el lado opuesto”, recuerda Cañas. En ese momento nadie sabía de qué huía, o cuál era el peligro, todo lo que sabían era que había que ponerse a salvo. La incertidumbre desató la desesperación, cuenta el abogado de profesión.

“Todo lo que nos decían los cuerpos de seguridad era que buscáramos refugio. Cuando nos dijeron eso, esa fue para mí la peor parte, porque supe que podía resultar verdaderamente lesionado o muerto”. Él recuerda que haberse enterado de que en algún lugar (la sala de conciertos Bataclan), en ese momento, había al menos 100 rehenes, generó más pánico. París se volvió una ciudad completamente distinta a la que es, o a la que era. Las personas trataban de buscar lugares alejados de los acostumbrados atractivos turísticos de París. “Los Campos Elíseos quedaron desiertos en cuestión de minutos”, rememora.

“Me sentí como una víctima más, me sentí como un blanco que pudo haber sufrido estragos reales y concretos. Pensaba hasta ¿qué pasa si me refugio en un lugar donde ya pusieron una bomba antes?”

Cañas y su grupo de amigos parisinos se resguardaron a las afueras de la ciudad. Él no volvió a su hotel esa noche y el sábado por la mañana emprendía su viaje de regreso a El Salvador. Comenta que ahora se siente seguro, en un país que está acostumbrado a la violencia a diario, pero que no ha probado la crudeza de un grupo terrorista tan implacable como el EI. “Sí”, responde al preguntarle si se siente seguro ahora, pero también dice que “París sigue siendo igual de bonita” que el lunes que llegó, a ese sábado que la abandonó motivado por el instinto de ponerse a salvo. El salvadoreño dice que ha sido un hecho que lo marcará de por vida.

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