Progresos y desencantos a cuatro años de la catástrofe de Fukushima

Cada día se acumulan entre 300 y 400 toneladas de agua subterránea y de refrigeración contaminada.
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Hideo Takahashi desea más que nada en el mundo poder volver a su antiguo hogar. Él y su familia debieron abandonarlo el 11 de marzo de 2011, cuando un terremoto de magnitud 9,0 en la escala de Richter seguido de un violento tsunami devastó el noreste de Japón, derivando en el gravísimo accidente en la planta nuclear de Fukushima Daiichi.

La ola gigantesca produjo daños parciales y totales en más de un millón de edificios y dejó de casi 19,000 muertos y desaparecidos.

La casa de Takahashi quedó intacta. Pero Iitate, su aldea natal, situada a sólo 30 kilómetros de la central nuclear, debió ser evacuada de todas formas a causa del escape radioactivo.

"Dicen que pronto terminará la descontaminación en Iitate", cuenta este campesino, que hoy tiene 64 años y vive con su esposa y su madre necesitada de cuidados especiales en una casa de chapa en las afueras de Fukushima, la capital provincial.

La vivienda sin dudas no puede compararse con su hermosa casa en Iitate. Pero al menos es un poco más espaciosa que los minúsculos refugios de emergencia habitados por otras decenas de miles de personas sobrevivientes del tsunami y evacuadas tras el accidente nuclear.

"Lo peor es la incertidumbre acerca del futuro", dice Takahashi. A todo esto, el primer ministro Shinzo Abe, defensor de la energía nuclear, no se cansa de asegurar que la reconstrucción continúa avanzando y la situación en la central nuclear destruida se halla bajo control. Pero la realidad es un poco más compleja.

Unos 120,000 habitantes de Fukushima continúan autoevacuados por temor a la radiación. Si bien las autoridades levantaron la orden de evacuación en numerosas localidades, un número cada vez mayor de damnificados abandonó su ciudad natal e intenta comenzar una nueva vida en otro lado. Muchos se quejan de que la descontaminación de la región transcurre de manera muy lenta.

Sin embargo, en las ruinas de la central nuclear también se registran progresos. Inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) han vuelto a monitorear hace unos días el proceso de desmantelamiento de la planta nuclear de Fukushima, arribando a resultados positivos.

"Desde nuestras misiones anteriores (en abril y diciembre de 2013), Japón ha realizado progresos significativos", declaró Juan Carlos Lentijo, jefe de la misión internacional para supervisar el desmantelamiento de la planta de Fukushima.

El jefe del equipo de supervisión añadió que las medidas de descontaminación han logrado reducir claramente los niveles de radiación en muchas áreas del terreno donde se asentaba la planta nuclear.

La empresa que opera la central nuclear japonesa de Fukushima, Tokyo Electric Power Co (Tepco), logró además retirar del reactor 4 todas las barras de combustible derretidas.

La misión de la OIEA se expresó también en términos elogiosos sobre la desviación del agua de las napas alrededor del reactor, operación que por lo menos hasta ahora ha sido parcialmente exitosa.

Sin embargo, los 6,000 trabajadores que trabajan a diario en las ruinas enfrentan grandes dificultades. "La situación sigue siendo extremadamente compleja y la eliminación del combustible constituye un desafío a largo plazo", afirmó Lentijo.

Japón no cuenta con depósitos de almacenamiento de residuos nucleares temporales ni finales para todos esos desechos altamente radioactivos.

A esto se suma el gravísimo problema del agua. El terreno de la planta nuclear está sembrado de tanques que almacenan millones de litros de agua radiactiva utilizada para enfriar los reactores.

Cada día se acumulan entre 300 y 400 toneladas de agua subterránea y de refrigeración contaminada. Para mayo de 2015 -dos meses después de lo planeado- Tepco pretende limpiar toda el agua utilizando un sistema de filtración que limpia del agua todos los isotopos radiactivos menos el tritio.

Pero siempre aparecen nuevos contratiempos. Por ejemplo, poco antes de cumplirse el cuarto aniversario de la catástrofe se hizo público algo que Tepco había ocultado durante meses: que al Pacífico llegó agua de lluvia contaminada.

Los pescadores de Fukushima, especialmente afectados por el accidente nuclear, reaccionaron con furia: "Nuestra relación de confianza está destruida", sentenció el jefe de la Asociación de Pesca, Hiroyuki Sato.

El conflicto se produjo precisamente cuando los pescadores deliberaban si aceptar o no el plan de Tepco de desviar hacia el océano el agua de napa purificada, medida que, por otra parte, también recomienda el OIEA, en vista de que lentamente comienza a acabarse el lugar para emplazar nuevos tanques.

Sin embargo, a pesar de los problemas persistentes y de que la mayoría de la población está en contra de que se vuelvan a poner en marcha los reactores apagados tras el accidente de Fukushima, el gobierno conservador de derecha liderado por Abe pretende volver a poner en funcionamiento los primeros en el corto plazo.

Cuatro de los 48 reactores comerciales en Japón ya tienen luz verde para reactivarse dado que según la Autoridad de Regulación Nuclear japonesa cumplen con las nuevas y más estrictas normas de seguridad.

Takahashi está totalmente en contra. "No lo entiendo", dice meneando la cabeza. El campesino opina que el gobierno quiere que los pobladores regresen cuanto antes para generar una sensación de normalidad.

Pero muchos han perdido las esperanzas de regresar. "Son cada vez más los que han buscado otro lugar para asentarse", cuenta, y dice que quizá sea el único que desea volver a Iitate a trabajar de campesino y que en el pueblo sólo se quedarán los más viejos. "Los jóvenes ya no regresarán. Nuestro pueblo va a desaparecer".


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