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“Régimen Ortega-Murillo no dejará poder por la paz”

El exembajador de Nicaragua ante la OEA Mauricio Díaz Dávila explica a LA PRENSA GRÁFICA que el matrimonio presidencial en Nicaragua  no está comprometido con el diálogo. “No van a dejar el poder por la paz”, asegura.
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Un joven con un mortero en sus hombros cuida una barricada el miércoles 23 de mayo de 2018, en Managua (Nicaragua). EFE

Un joven con un mortero en sus hombros cuida una barricada el miércoles 23 de mayo de 2018, en Managua (Nicaragua). EFE

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En Nicaragua el matrimonio Ortega-Murillo ya es sinónimo de represión y abuso de poder. Los últimos hechos violentos en el país vecino han inflado una lista de muertos (76 muertos y 868 heridos), que en su mayoría son estudiantes. El gobierno de Daniel Ortega, y su vicepresidenta y esposa, Rosario Murillo, se niega a soltar el poder a pesar de que el país ya lleva más de un mes en las calles pidiendo su salida.

Aceptaron una mesa de diálogo con los estudiantes, la sociedad civil y la CIDH, pero cuando resonó la demanda por nuevas elecciones, entramparon la conversación por entender un sinónimo de “golpe de Estado”.

 “Estamos en un cruce de caminos. En donde las peticiones del Gobierno están chocando con las peticiones de los empresarios, sociedad civil, y con la juventud. Hemos llegado a un tema en donde se planteó aceptar y cumplir con lo que dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH); 15 puntos que tratan de devolver la normalidad”, dijo a LA PRENSA GRÁFICA el exembajador nicaragüense Mauricio Díaz Dávila.

 “Estamos viendo un escenario de más confrontación. Con dolor se lo digo que (Ortega) no van a dejar el poder por la paz”, manifestó Díaz Dávila.

Dávila, que ha servido para su país como embajador en Guatemala, Costa Rica, Perú, y  fue embajador alterno ante la Organización de Estados Americanos (OEA), señala que el Estado ya “no deja la menor duda de la naturaleza dictatorial y regresiva del régimen Ortega-Murillo. Es un tema de poder, no quieren aceptar discutir porque tienen una visión de la democracia muy particular. Para ellos democracia es lo que están haciendo, un instrumento de represión del Estado”.

Después de más de 20 días en una crisis que comenzó por reformas impuestas al Seguro Social de Nicaragua –que luego fueron desestimadas–, el Gobierno aceptó la semana pasada entrar a una mesa de diálogo con la Iglesia como mediadora.

La visita de la CIDH arrojó 15 recomendaciones para resolver la violencia que no han sido adoptadas.

El diálogo se suspendió hace tres días porque los estudiantes, pilar de las manifestaciones, pidieron adelantar las elecciones y lo que Ortega escuchó fue “golpe de Estado”.

 “El problema ha sido que hemos tenido presidentes que se creen indispensables. Desde que (Ortega) regresó al poder, ha instalado un régimen similar al somocismo. Sus hijos son millonarios. El Estado mezclado con la familia, con los intereses de la cooperación venezolana. Es bien difícil pensar que quieran abandonar el poder con la paradoja de tener tanta riqueza en un país tan pobre”, analiza Díaz Dávila.

La CIDH recomendó conformar una investigación con testigos internacionales para esclarecer el baño de sangre en el país. En sus declaraciones, Díaz Dávila recordó que Ortega es el comandante de las fuerzas de seguridad y los grupos de choque, acusados de masacrar manifestantes.

 “Instamos al Gobierno de Nicaragua a que negocie de buena fe y regrese al diálogo con una agenda para lograr un futuro democrático para todos los nicaragüenses”, dijo ayer en un comunicado de prensa la portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Heather Nauert.

Díaz Dávila también dijo que lo que Nicaragua persigue es la “venezonalización” del país, que él explica es “prolongar el conflicto, y dialogar sin acuerdos y compromisos”. Pero advierte que “Nicaragua no es Venezuela” porque no tiene la riqueza del petróleo. “No podemos seguir jugando a la guerra” porque ya se cuentan “$300 millones” en pérdidas.
 

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