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Sobrevivir en Alepo, ciudad siria destruida por las bombas

Ninguna otra ciudad en el país árabe ha sufrido tanto desde que hace cinco años comenzó el conflicto.
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Niños heridos.  Un niño sirio llora mientras espera que atiendan sus heridas en un hospital luego de salir lesionado en un ataque aéreo.

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Destrucción.  Una columna de humo se levanta de los escombros causados por una jornada de violencia.

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Sin hogar. Un hombre mira un edificio completamente destruido en el norte de Alepo.

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Escombros.  Un hombre camina entre los escombros provocados por un ataque aéreo en Siria.

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Sobrevivir en Alepo, ciudad siria destruida por las bombas

Sobrevivir en Alepo, ciudad siria destruida por las bombas

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El día a día del joven sirio Aref depende de los cazas que bombardean su ciudad. Si no aparecen en el cielo de Alepo, en el norte del país, se va al gimnasio a levantar pesas.

Pero casi a diario escucha el zumbido de estos aviones y entonces tarda poco en escuchar las bombas sobre la ciudad.

Enfermero de profesión, él y sus colegas de una clínica en el este de Alepo tienen que estar preparados. Se trata de salvar vidas con el escaso material con el que cuentan.

Así es Alepo hoy. En la actualidad Alepo es sinónimo de muerte sin fin. Hay barrios enteros que son solo un montón de ruinas, sobre todo en la parte este, controlada por rebeldes.

A diario llegan imágenes de Alepo que dejan intuir el grado de destrucción en la ciudad, como la del pequeño Omran, de cuatro o cinco años, que fue rescatado tras un bombardeo el miércoles en la noche. Su imagen sentado en una ambulancia, cubierto de polvo, ensangrentado y descalzo, desconcertado, sin soltar palabra e incapaz de llorar dio la vuelta al mundo.

El pequeño se toca la cabeza y ve que tiene sangre y, sin saber qué hacer, apenas sin moverse restriega un poco la mano sobre el asiento de la ambulancia para quitarse la pegajosa sangre.

El enfermero Aref, de 21 años, vive ese tipo de escenas a diario tras los bombardeos. Ha visto todo tipo de heridas graves en la cabeza, en la espalda y en el abdomen y miembros amputados. En total hay 14 médicos para atender a los pacientes. Y eso que, después de todo, desde que los insurgentes han conseguido despejar una ruta de suministro hasta la zona, que antes estaba cercada, la situación del suministro ha mejorado ligeramente y hay algo más de material médico, señala Aref.

El joven soñaba antes con ser farmacéutico, pero en la actualidad se dedica de lleno a la enfermería. Desde hace cuatro años vive en la clínica. Aref pensó en dejar la ciudad, pero justo por la continua violencia no lo hace. “¿Cómo podría vivir si dejo un niño y muere porque me he ido de Alepo?”, señala Aref a través de WhatsApp, “la ciudad es mi tierra, mi dignidad y mi honor”.

Al igual que él viven, según las estimaciones, otras 300,000 personas en la parte oriental de Alepo, que en cualquier momento puede quedar aislado del mundo exterior.

Desde hace días se libran fuertes combates en el sur de la ciudad para conseguir el control de la ruta de suministros de los insurgentes. Un bloqueo duradero podría conducir a una catástrofe humanitaria. Ya ahora existe una carencia aguda de alimentos, aun cuando hayan llegado unos pocos envíos y en los mercados se haya visto algo más de actividad, según relatan varios activistas.

Pero lo que sí escasea es agua potable y electricidad, que se consigue a través de unos pocos generadores. Como apenas hay suministro de agua, la gente consigue el agua potable de fuentes que ellos mismos taladran. A menudo es agua que está sucia. Pero en la parte oeste de la ciudad, controlada por las fuerzas leales al régimen de Damasco, viven cerca de 1.2 millones de personas y también hay una escasez aguda de agua potable y electricidad.

Lo peor, sin embargo, no son las privaciones, relató Al Halabi. “Estos días lo que más miedo da es resultar herido, porque apenas quedan médicos”, dijo. Una herida grave le puede costar a uno la vida.

Pero el enfermero Aref afirma que él todavía tiene esperanzas.

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