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Temer, ¿“golpista” o el “salvador” de Brasil?

Acorralado por sospechas de corrupción y al borde de perder su mandato, el presidente que apoyó el controvertido proceso de "impeachment" de su antecesora, su ex aliada Dilma Rousseff, para llegar al poder, se aferra ahora a la incipiente recuperación económica para mantenerse en el cargo.
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EFE/Joédson Alves

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Temer, ¿“golpista” o el “salvador” de Brasil?

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Su imagen pública es terrible desde que asumió la presidencia de Brasil hace un año, pero Michel Temer tiene claro cómo quiere pasar a la historia: como el líder que volvió a encarrilar el destino del gigante sudamericano tras el reciente descalabro económico.

Acorralado por sospechas de corrupción y al borde de perder su mandato, el presidente que apoyó el controvertido proceso de "impeachment" de su antecesora, su ex aliada Dilma Rousseff, para llegar al poder, se aferra ahora a la incipiente recuperación económica para mantenerse en el cargo.

"Llegaremos a 2019 con la casa en orden", insistía Temer estos días, justo antes del juicio (6 a 8 de junio) por financiación electoral ilegal ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) que podría anular su mandato. La denuncia contra la fórmula presidencial ganadora de las elecciones de 2014 (Rousseff-Temer) es antigua, pero ha cobrado relevancia como posible salida a la actual crisis política.

La sentencia también definirá la biografía política del presidente Temer: si cae, prevalecerán los calificativos de "golpista" y "corrupto" de sus rivales. Si el tribunal lo exculpa, aumentarán en cambio sus posibilidades de permanecer en la presidencia hasta diciembre de 2018.

Temer asumió el poder en mayo de 2016, primero de forma interina, en medio del terremoto político que llevó a la destitución definitiva de Rousseff en agosto. El nuevo jefe de Estado dejó claro desde el comienzo que su prioridad era formar un "Gobierno de salvación nacional" para intentar superar la recesión.

TEMER, DISPUESTO A “PRIVATIZAR TODO LO POSIBLE”

En los últimos 12 meses impulsó medidas controvertidas como el congelamiento del gasto público durante 20 años y, gracias a sus amplios apoyos en el Parlamento, planea flexibilizar las leyes laborales y reformar el deficitario sistema de pensiones.

Pese al rechazo de las calles -su índice de aprobación es de un nueve por ciento-, las élites económicas del país le dieron su apoyo. Esas mismas amenazan con abandonarlo ante el actual escándalo de corrupción.

Las sospechas acompañan al presidente en realidad desde hace tiempo. Antes de la denuncia del empresario Joesley Batista que lo implicó ahora directamente en un supuesto caso de sobornos, el nombre de Temer había sido vinculado varias veces con las investigaciones de "Lava Jato" ("Lavado de autos"), la megacausa sobre corrupción que ha puesto en jaque a la clase política brasileña.

Viejas son también las acusaciones de "golpista": no sólo Rousseff y su Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), sino también una buena parte de los brasileños consideran el mandato del político del conservador Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) como ilegítimo por su papel en el "impeachment" en 2016.

Tras casi cinco años y medio de coalición gubernamental, Temer abandonó entonces al Ejecutivo de Rousseff para heredar su cargo como su vicepresidente.

Una sentencia desfavorable en el TSE podría poner ahora fin a la carrera política del abogado nacido en Sao Paulo hace 76 años, que fue diputado desde 1987 antes de llegar al Gobierno con Rousseff en 2010.


 

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