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Terremoto en México: “Sentí que nos íbamos de esta vida”

Faltaban poco más de diez minutos para la medianoche cuando la tierra se empezó a convulsionar y los perros aullaron en México.
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Un residente del municipio de Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz (México), observa el piso de su hogar destrozado hoy, viernes 8 de septiembre de 2017, tras un fuerte sismo de magnitud ocho que sacudió hoy violentamente a México, con origen a 137 kilómetros al suroeste de Tonalá, en el suroriental estado de Chiapas, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN).

Un residente del municipio de Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz (México), observa el piso de su hogar destrozado hoy, viernes 8 de septiembre de 2017, tras un fuerte sismo de magnitud ocho que sacudió hoy violentamente a México, con origen a 137 kilómetros al suroeste de Tonalá, en el suroriental estado de Chiapas, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN). Ángel Hernández

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Faltaban poco más de diez minutos para la medianoche cuando la tierra se empezó a convulsionar y los perros aullaron. San Cristóbal de Las Casas, una ciudad colonial del sur de México, se sacudía con furia en el peor terremoto en más de un siglo en el país.

La luz se cortó. La gente salió de sus casas a la calle por temor a que se derrumbaran.

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"Yo sentí que ya nos íbamos de esta vida, sentí que nos íbamos a morir, porque algo apretaba mi corazón", contó en medio de una crisis nerviosa Ricarda Jiménez Cordero, una mujer de 70 años que sufre de diabetes.

Jiménez dijo que estaba arreglando la cocina en su casa cuando comenzó el terremoto y que le pidió perdón a Dios porque sentía que le había llegado la hora.

"Dios nos dio otra oportunidad, porque tembló muy fuerte y estamos vivos", afirmó entre sollozos.

No pasó mucho tiempo para conocer los primeros estragos causados por movimiento telúrico: 15 muertos, con cifras preliminares que podrían aumentar, tres de ellos en San Cristóbal.

"El temblor estuvo muy feo, nunca había pasado algo tan fuerte. No nos quedamos en la casa porque está construida con estructuras de acero y tenemos miedo que nos aplasten", contó Luis Gómez, un operador de maquinaria pesada.

Gómez salió en pijama de su casa, situada junto a una barranca, con sus tres hijas pequeñas y su esposa.

Apenas unos días antes se había instalado una alarma sísmica en San Cristóbal, que permite anticipar apenas unos segundos un sismo para buscar resguardo. El estreno fue brutal. Un terremoto de 8.2 cuyos daños todavía no se conocen con certeza.

Hubo en el cielo destellos de luz azul y verde, contaron algunos de los vecinos de Gómez. Así al menos fue como lo percibieron, en medio del terror y a mitad de la noche.

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