Lo más visto

Timochenko: “Nosotros vamos a cumplir”

Intervención de alias Timochenko, máximo jefe de las FARC, tras la firma de los acuerdos de Paz con el gobierno de Colombia.
Enlace copiado
Timochenko: “Nosotros vamos a cumplir”

Timochenko: “Nosotros vamos a cumplir”

Enlace copiado
Durante la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Timochenko, máximo jefe de las FARC, expresó las siguientes ideas en su discurso.

1. Pidió perdón a las víctimas de la violencia guerrillera.
En uno de los momentos que más generaron aplausos entre los asistentes al histórico acto en Cartagena, el máximo jefe de las Farc pidió perdón a las víctimas de los actos de la guerrilla. “(Pido) sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra”, dijo Londoño Echeverri. Los jefes de las Farc ya habían pedido perdón público en actos realizados en Bojayá (Chocó) en junio, y el 11 de septiembre lo hicieron por el asesinato de los 12 diputados del Valle del Cauca. Además anunciaron que pedirán perdón por la masacre de La Chinita perpetrada el 23 de enero de 1994 en Apartadó (Antioquia).
 
2. Las Farc, firmes hacia un partido político
Durante su discurso, Londoño Echeverri aseguró que la guerrilla se transformará en un partido político y garantizó que esa nueva etapa de la organización se desarrollarán lejos de las armas. Recordó que la Décima Conferencia de las Farc, que se realizó la semana pasada en los llanos del Yarí, ratificó de forma unánime los acuerdos de paz de La Habana y el mandato de dar “el paso definitivo de la forma de lucha clandestina y alzamiento armado a la forma de lucha abierta y legal hacia la expansión de la democracia”. Una de sus frases más contundentes fue esta: “Nosotros vamos a cumplir y esperamos que el gobierno cumpla”.
 
3. Firma de la paz no significa que renuncien a sus banderas
El máximo jefe de las Farc remarcó que la firma de la paz no significa que la guerrilla deja de lado su ideario, sino que ahora lo impulsará en la arena política. Así, dijo que el Acuerdo Final “no significa que el capitalismo y el socialismo comenzaron a sollozar reconciliados en brazos el uno del otro”. Y agregó: “Aquí nadie ha renunciado a sus ideas ni arrearon sus banderas derrotadas, hemos acordado que seguiremos confrontándolas abiertamente, en la arena política, sin violencia en un apoteósico esfuerzo por la reconciliación y el perdón”. Criticó el modelo de “salud como negocio” y el modelo financiero.
 
 4. Reconocimiento al presidente Santos
Londoño aseguró que la guerrilla intentó frenar la guerra pero dijo que hubo supuestos intereses internacionales y de terceros que impidieron llegar un acuerdo en pasadas ocasiones. Sólo hasta ahora, dijo Timochenko, encontraron en el presidente Juan Manuel Santos “un valeroso interlocutor capaz de sortear con entereza las presiones y provocaciones de los sectores belicistas”. Igualmente reconoció que Santos ya probó su voluntad para construir el acuerdo de paz. Finalmente le envió un mensaje a los integrantes de la Fuerza Pública y les dijo que ya no son adversarios y que esperan que ellos los miren también de manera distinta.
 
5.  Ratificó la voluntad de paz a toda costa
‘Timochenko’ aseguró que el acuerdo alcanzado en Cuba es un “modelo de paz” para todo el mundo y señaló que el mismo “no solo pone fin a un conflicto que comenzó en Marquetalia en 1964, sino que aspira a sellar para siempre la vía de las armas, tan largamente transitada en nuestra patria”. Y agregó: “Preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones. En adelante la clave está en la implementación de los acuerdos, de tal manera que lo escrito en el papel cobre vida en la realidad, y para que ello sea posible, además de la verificación, el pueblo colombiano deberá convertirse en el principal garante de la materialización de todo lo pactado”.
 
El discurso completo de Timochenko fue el siguiente:

Mis primeras palabras tras las firma de este acuerdo final van dirigidas al pueblo de Colombia, pueblo bondadoso que siempre soñó con este día, pueblo bendito que nunca perdió la esperanza de poder construir la patria del futuro, donde las nuevas generaciones, es decir, nuestros hijos y nuestros nietos, nuestras mujeres y hombres, puedan vivir en paz democracia, dignidad, por los siglos de los siglos.

Pienso también en los marginados que pueblan los cinturones de miseria de esta Cartagena, la ciudad heroica que deseando estar aquí en esta celebración no pudieron hacerlo, a ellos y ellas les extiendo mi mano de hermano y los abrazo con el corazón.

Compatriotas esta lucha por la paz que hoy empieza a dar sus frutos viene desde Marquetalia impulsada por el sueño de concordia y de justicia de nuestros padres fundadores Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, y más recientemente con la perseverancia del inolvidable comandante Alfonso Cano. A ellos y a todos los caídos en esta gesta por la paz, nuestro eterno reconocimiento.
 
Como ustedes saben, la décima conferencia Nacional de Guerrilleros de las Farc-Ep ha refrendado de manera unánime los acuerdos de La Habana y dio el mandato de la creación del nuevo partido o movimiento político, lo cual configura el paso definitivo de la forma de lucha clandestina y alzamiento armado, a la forma de lucha abierta y legal hacia la expansión de la democracia.

Que nadie dude que vamos hacia la política sin armas. Preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones. En adelante la clave está en la implementación de los acuerdos de tal manera que lo escrito en el papel cobre vida en la realidad. Y para que ello sea posible, además de la verificación internacional, el pueblo colombiano deberá convertirse en el principal garante de la materialización de todo lo pactado.

Nosotros vamos a cumplir y esperamos que el gobierno cumpla. Nuestra satisfacción es enorme al constatar que el proceso de paz en Colombia es ya un referente para la solución de conflictos en el mundo.

Con el acuerdo que hoy suscribimos aspiramos a poner punto final en Colombia a la larga historia de luchas y enfrentamientos continuos que han desangrado nuestra patria como destino cruel y fatal desde tempranas épocas. Solo un pueblo que ha vivido entre el espanto y los padecimientos de una y otra guerra durante tantas décadas podría tener pacientemente nuestro sueño de paz y justicia social, sin perder nunca la esperanza de verlas colgadas por sendas distintas a la confrontación armada, mediante la reconciliación y el perdón.

Un pueblo que anhela que la persecución, la represión, la muerte y el arsenal paramilitar que aún persiste, así como múltiples causas del conflicto y la confrontación, puedan ser superadas en forma definitiva.

En nuestro parecer, toda forma de violencia es en sentido filosófico y moral un atentado contra la humanidad entera pero dolorosamente constituye a la vez un dramático testimonio de la historia humana.

Pero que se reconozca que las Farc-Ep siempre intentamos, por todos los medios, evitarle a Colombia las desgracias de un prolongado enfrentamiento interno. Otros intereses demasiado poderosos en el plano internacional y en los centros urbanos y en los campos del país se encargarían de inclinar la balanza en el sentido contrario a través de múltiples medios y de una intensa acción comunicativa, en la que la manipulación mediática y la mentira han hecho parte del pan de cada día.

No obstante, jamás podrá borrarse de la historia que durante más de treinta años cada proceso de paz significó un logro de la insurgencia y los sectores populares que lo exigían. Y por tanto, tenemos pleno derecho a declarar como una victoria de estos la suscripción de este acuerdo final con el presidente Juan Manuel Santos, y la comandancia de las Farc-Ep. Siendo igualmente justos, hay que decir que este tratado de paz es también una victoria de la sociedad colombiana en su conjunto y de la comunidad internacional.

Hoy debemos agradecer por su contribución en el logro de este propósito colectivo a las mujeres y hombre de esta bella tierra colombiana. A los campesinos, indígenas y afrodescendientes, a los jóvenes, a la clase trabajadora en general, a los artistas y trabajadores del arte y la cultura, a los intelectuales, a los ambientalistas, a la comunidad LGBTI, a los partidos políticos y los movimientos sociales, a las comunidades religiosas, a importantes sectores empresariales, y sobre todo a las víctimas del conflicto.

Debemos admitir que nuestro propósito de búsqueda de una salida política al desangre de la Nación encontró en el presidente Juan Manuel Santos un valeroso interlocutor capaz de sortear con entereza las presiones y provocaciones de los sectores belicistas. A él le reconocemos su probada voluntad por construir el acuerdo que hoy se firma en nuestra Cartagena heroica.

Con el acuerdo final se ha dado un paso trascendental paso adelante en la búsqueda de un país diferente. Comprometiéndose a una reforma rural integral, para contribuir a la transformación estructural del campo. Promoverá una participación política denominada apertura democrática, para construir la paz, con la que se busca ampliar y profundizar la democracia. La Farc-Ep dejamos las armas, al tiempo que el Estado se compromete a proscribir la violencia como método de acción política. Esto es, poner fin definitivo a la persecución y el crimen contra el opositor político, a dotarlo de plenas garantías para su actividad legal y pacífica, junto con el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de armas, con los cuales termina para siempre la confrontación militar y fue pactada la incorporación de las Farc a la vida civil en lo económico, lo social y lo político, de acuerdo con nuestros intereses.

Y se suscribió el acuerdo sobre garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales o paramilitares que desangran y amenazan a Colombia.

De algo si estamos bien seguros, si este acuerdo final no deja satisfechos a sectores de las filas más pudientes del país, en cambio representa una bocanada de aire fresco para los más pobres de Colombia, invisible durante siglos y para los jóvenes en cuyas manos se encuentra el futuro de la patria, que serán la primera generación que crece en medio de la paz.
Son casi tres centenares de páginas las contenidas del acuerdo final que suscribimos aquí, difíciles de resumir en tan breve espacio. Su firma no significa que el capitalismo y el socialismo comenzaron a sollozar reconciliados en brazos el uno del otro. Aquí nadie ha renunciado a sus ideas ni arrearon sus banderas derrotadas, hemos acordado que seguiremos confrontándolas abiertamente, en la arena política, sin violencia en un apoteósico esfuerzo por la reconciliación y el perdón. Por la convivencia pacífica, el respeto y la tolerancia y sobre todo por la paz con justicia social y democracia verdadera.

Colombia requiere transformaciones profundas para hacer realmente posibles los sueños de justicia social y el progreso. La paz es sin duda alguna el elemento esencial para los grandes destinos que nos esperan como nación que deberán caracterizarse más por sus luces que por su poderío como diría el libertador.

La sociedad colombiana tiene que ser claramente inclusiva en lo económico, lo político, lo social y lo cultural. El Estado colombiano no puede seguir siendo el mismo en el que se permite que la salud sea un negocio, los tristemente famosos paseos de la muerte: las agonías en las puertas de los hospitales tienen que desaparecer para siempre. No más familias condenadas a la calle y la miseria por cuenta de las usurarias deudas con el sistema financiero o las bandas de gota a gota. La seguridad que tanto sueñan los colombianos y las colombianas no deben depender tanto del tamaño de las fuerzas de seguridad del Estado, como del combate a la pobreza y la desigualdad y a la falta de oportunidades que padecen millones de compatriotas, fuente real de las formas más sentidas de la delincuencia.

Donde quiera que en adelante sus pies un antiguo combatiente de las Farc EP podrá encontrar a un persona decente, serena, inclinada al diálogo y a la persuasión. Una persona dispuesta a perdonar, sencilla, desprendida y solidaria. A una persona amiga de los humildes y ansiosa de trabajar por un nuevo país de modo pacífico.

Casi 5 años atrás, en un nota destinada a ser leída por el presidente Santos, a pocos días de producida la muerte de nuestro comandante Alfonso Cano, terminaba diciéndole: “así no es Santos, así no es…”

Después de centenares de miles de muertos y millones de víctimas al suscribir juntos este documento lo digo: señor presidente, con emoción patriótica que este sí era el camino indicado, así sí era.

Los soldados y policías de Colombia, han de tener claro que dejaron de ser nuestros adversarios y que para nosotros está definido que el camino correcto es la reconciliación de la familia colombiana. (...) Todos somos hijos del mismo pueblo colombiano y nos afectan por igual sus grandes problemas.
A nuestras guerrilleras y guerrilleros, a nuestros prisioneros y prisioneras de guerra, a sus familias, a nuestros lisiados y lisiadas queremos enviarles un mensaje de aliento: ustedes vivieron y lucharon como héroes abriendo con sus sueños la senda de la paz para Colombia.
En nombre de las Farc EP, pido sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra.

Que Dios bendiga a Colombia, se acabó la guerra, estamos empezando a construir la paz, (...) Bienvenida esta segunda oportunidad sobre la tierra. Gracias.

Tags:

  • colombia
  • acuerdos de paz
  • cartagena de indias

Lee también

Comentarios