Tragedia en Mocoa ya había sido advertida

Presidente Santos confirmó 210 muertes. Equipos de rescate continúan búsqueda de víctimas.
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El sábado 1.º de abril por la madrugada partió en dos la historia de Mocoa, Putumayo, en Colombia. Una avalancha, provocada por las fuertes lluvias, ocasionó el desbordamiento de los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco, causó la muerte de 210 personas y dejó a miles damnificados.

Generalmente, en esta zona del país caen 10,000 milímetros de agua al año, pero el pasado sábado en la madrugada cayeron 600 en unas pocas horas. Esto sumado a la topografía y características ambientales, los ríos torrenciales que la rodean, adquirieron características violentas y arrasaron con todo lo que encontraron.

El director de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonía (Corpoamazonía), Luis Alexánder Mejía, explicó que la devastadora tragedia que vive hoy Mocoa ya había sido advertida, pues esta entidad previamente había hecho unos estudios en los que alertaba que este tipo de acontecimientos podría pasar.

“Hace nueve meses cuando hicimos un taller con el Servicio Geológico Colombiano donde advertimos que esto podía pasar por el uso inadecuado de los suelos que agrava este tipo de eventos. Además, indicamos que varios municipios amazónicos, incluido Mocoa, no habían actualizado su Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Por eso ha sido complejo concertar e implementar los determinantes ambientales en esta zona”, añadió Mejía.

Los cuerpos de rescate continuaban ayer la búsqueda de personas desaparecidas luego de la tragedia.

El presidente Juan Manuel Santos, a su llegada de nuevo a Mocoa, dijo que lamentablemente el número de personas fallecidas “crece cada momento”. El mandatario señaló que entre los muertos hay 43 niños.

Anunció que están por llegar a la zona tres plantas eléctricas y otras tres plantas purificadoras de agua, para atenuar la falta de energía y de agua.

Mientras, hombres con colchones al hombro, mujeres cargando sofás y adolescentes que trasladan botellas de gas vacían lo que queda de sus casas. Los árboles desarraigados se acumulan en los puentes y el río sigue corriendo por los suelos de negocios arruinados.

En la puerta del hospital, decenas buscan a sus familiares, quienes probablemente no volverán.

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