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Tregua, “la última oportunidad” de Siria

Luego de cinco años de guerra, la ciudad recupera un poco de paz. Los niños, acostumbrados a jugar en túneles, vuelven a la calle.
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La tregua en Siria, considerada como la “última oportunidad” para poner fin a una guerra que dejó saldo de más de 300,000 muertos, pareciera aguantar, aunque la ausencia de ayuda humanitaria causaba decepción en las zonas asediadas.

El cese de los combates se produjo el mismo día que el número de muertos superaba los 300,000, entre ellos más de 87,000 civiles, además de millones de desplazados en la guerra desencadenada en marzo de 2011, según un nuevo balance del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH).

El lunes pasado a las 7 de la noche entró en vigor una tregua pactada por Rusia y Estados Unidos, que apoyan respectivamente al régimen y a los rebeldes, en un nuevo intento de poner fin a más de cinco años de guerra.

Niños vuelven a reír pero pasan hambre

Los niños tomaron por asalto los columpios y los tiovivos multicolores de Alepo, mientras dura la tregua, sin temor a que sus juegos terminen en tragedia, pero con los estómagos igual de vacíos.

El barrio rebelde de Bustane al Qasr recuperó las risas y los gritos de los niños, rompiendo con un cotidiano en el que se enclaustran en sus casas para escapar de la muerte. Otros, un poco mayores, juegan al fútbol bajo un puente destruido, al igual que muchos edificios en el barrio de Chaar.

Pero este año el Eid al Adha, la fiesta musulmana del sacrificio (de un cordero que después es compartido en familia o con amigos), no es sinónimo, como antes de la guerra, de un festín. En la ciudad no hay alimentos. Por primera vez desde la última tregua en febrero, los aviones no lanzaron sus bombas y los alepinos pudieron dormir plácidamente, pero los barrios rebeldes de la excapital económica y segunda ciudad del país, así como en las otras localidades sitiadas, esperaron en vano la distribución de la ayuda humanitaria en virtud del acuerdo de tregua.

“La detención de los bombardeos está bien, pero no es suficiente. Queremos la llegada de alimentos”, dijo Abu Jamil, en Ansari, barrio de la parte rebelde de Alepo.

“La situación es mala puesto que los mercados están vacíos”, añade este hombre de 55 años.

Decepción

Devastado por la guerra, el sector este de la ciudad, sitiado, sufre una escasez sin precedentes. El frente principal se calmó. Un periodista de la AFP en el lugar constató que las calles estaban más frecuentadas de lo acostumbrado.

Sus habitantes discutían en las aceras o frente a sus casas en muchos barrios. Pero la mayoría de los zocos estaban cerrados por falta de provisiones, y en los pocos abiertos los viandantes intentaban comprar algo de lo poco que les ofrecían, como berenjenas, calabacines u otras hortalizas.

La decepción es palpable porque no ha llegado ninguna ayuda, a pesar de que el acuerdo ruso-estadounidense la preveía a partir del lunes para las ciudades sitiadas o de difícil acceso, como es el caso de Alepo, donde al menos 250,000 personas carecen de todo en el lado rebelde.

“Escuchamos decir en la televisión que habría entrega de ayuda”, indica Mohamad Hashisho en Kallassé, otro barrio bajo control rebelde. “Aún no hemos recibido nada”, dice decepcionado este hombre de 23 años.

La ONU dijo el martes que condicionaba el comienzo de las operaciones humanitarias en Siria a poder contar con garantías de seguridad para sus convoyes.

Mientras esto sucede, la gente pasa hambre. Han recuperado una pequeña parte de su libertad, pero siguen atados a sus condiciones.

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