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Trump se jacta de su diplomacia “dura” con otros países

Analista internacional dice que Trump irá “tensando” a los líderes de todo el mundo para ver “qué tipo de aguante tienen”. Trump le dijo al presidente de México que mandaría militares a su país en contra de los “bad (malos) hombres”.
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se jactó ayer de la diplomacia “dura” con la que tiene desconcertado al mundo y prometió seguir por esa senda para que ninguna nación vuelva a “aprovecharse” de su país.

Esta declaración de intenciones la hizo durante el tradicional Desayuno Nacional de Oración pocas horas después la filtración de los supuestos desplantes que hizo al presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, y al primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, en sendas llamadas telefónicas recientes.

“Cuando oigan sobre las duras llamadas telefónicas que estoy teniendo, no se preocupen. Son duras, tenemos que ser duros. Es hora de que seamos un poco duros”, comentó Trump en un foro en el que usualmente ha predominado un tono conciliador en años anteriores.

Y defendió la utilidad de su “dureza” al subrayar que “prácticamente todas las naciones del mundo se han aprovechado” de Estados Unidos, algo que, con él en la Casa Blanca, “no va a ocurrir más”.

Control y desconfianza

“La noción de que los países intentan aprovecharse de Estados Unidos está basada en su inherente desconfianza al otro, sea este un país, una cultura o una religión”, opinó ayer en declaraciones a Efe Carles Castelló-Catchot, experto español del centro de estudios sobre asuntos internacionales Atlantic Council.

Su pronóstico es que “podemos esperar más dureza por parte de Trump en los meses que vienen”, porque “intentará tensar relaciones y ver qué tipo de aguante tienen tanto sus aliados como enemigos estratégicos”; es decir, “básicamente está haciendo una prueba de resistencia al sistema internacional”.

Quizá lo que más desconcierta de Trump es su agresividad y desdén hacia socios hasta ahora indiscutibles de Estados Unidos, como la Unión Europea, Australia o México, por nombrar los últimos con los que ha abierto una crisis.

Desde su campaña, la Unión Europea ha sido una de sus dianas favoritas: celebró el voto para la salida del Reino Unido, animó a otros países a hacer lo mismo, criticó a Alemania por su política de acogida de refugiados y cargó repetidamente contra la Alianza del Atlántico Norte (OTAN) por “obsoleta”.

La última embestida podría ser el posible nombramiento de un antieuropeísta como embajador de Estados Unidos ante la UE: Ted Malloch, quien ha augurado, sin pesar, la pronta desaparición del euro y de la propia Unión.

“Yo tuve un puesto diplomático en el que ayudé a hacer caer a la Unión Soviética. Quizá hay otra unión que necesita un poco de domesticación”, dijo Malloch recientemente a la cadena británica BBC.

“Trump ha dejado muy claro su desdén por Europa. La dinámica se podría acercar a la que vivimos en 2003 antes de la guerra de Iraq, con Estados Unidos y Europa claramente enfrentados”, indicó Castelló-Catchot.

Ahora, no obstante, “Europa del Este podría cerrar filas con la vieja Europa al percibir a Trump como un presidente claramente pro-ruso”, agregó.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca no solo desdeña a los aliados del otro lado del Atlántico, sino también a uno de sus vecinos.

Trump quiere forzar a México a que pague un muro en la frontera común, algo que para el Gobierno de Enrique Peña Nieto “no es negociable”.

Tras la abrupta cancelación de su encuentro en la Casa Blanca, ambos líderes intentaron apaciguar las aguas con una llamada telefónica el pasado viernes, pero el miércoles trascendió que durante esa conversación Trump amenazó con enviar tropas al país vecino para combatir a los “bad (malos) hombres”, una información desmentida después por el Gobierno mexicano.

También se filtró el miércoles que Trump le cortó abruptamente una llamada al primer ministro australiano tras espetarle que era, “de lejos, la peor” que había tenido con un líder internacional y, después, calificó de “acuerdo estúpido” en Twitter el que su predecesor, Barack Obama, suscribió para acoger refugiados internados ahora en Australia. Ayer, la Casa Blanca describió la llamada como muy “cordial”, pero admitió que Trump está “molesto” por el acuerdo.

“Espero que el presidente Trump sea tan duro con los rusos como parece estar siendo con nuestros amigos australianos y mexicanos”, dijo a Efe el exembajador estadounidense Melvyn Levitsky, ahora profesor en la Universidad de Michigan. Ayer la Casa Blanca externó que el presidente “condena” el comportamiento de Rusia en Ucrania.

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