Un año sin poder sentarse ni bañarse: Así es la vida de un astronauta sin la gravedad

El astronauta estadounidense Scott Kelly pasó casi un año sin poder sentarse. Es una de las cosas que más echó de menos durante sus 340 días seguidos en el espacio, sin gravedad en la que poder relajarse.
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Fotografía de Scott Kelly tras su regreso a la Tierra el 2 de marzo del 2016. Krill Kudryavtsev/vía AP

Fotografía de Scott Kelly tras su regreso a la Tierra el 2 de marzo del 2016. Krill Kudryavtsev/vía AP

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"No te sientas en el espacio, siempre estás flotando", explicó hoy en Madrid el astronauta estadounidense Scott Kelly, durante la presentación de "Resistencia", las memorias en las que cuenta la experiencia de pasar un pasar un periodo tan prolongado en la Estación Espacial Internacional (ISS). "Una de las primeras cosas que hice (a la vuelta) fue tirarme a la piscina, en el espacio no nos duchamos ni nos damos un baño", contó.

Kelly (Nueva Jersey, 1963) ya había estado en otras ocasiones en el espacio cuando fue elegido por la NASA para este proyecto, que llevó a pasar casi un año fuera de la Tierra entre 2015 y 2016.

EFE/Fran del Olmo

El objetivo de la misión, que compartió con el ruso Mijail Kornienko, era observar los cambios en el cuerpo humano y la resistencia psicológica en viajes espaciales tan largos como puede serlo uno a Marte, que duraría unos 200 días.

Cuando estaba en la ISS, a 400 kilómetros sobre la Tierra, lo que más le preocupaba era que a su familia pudiese sucederle algo mientras él estaba en el espacio. Durante un viaje anterior, la mujer de su hermano gemelo, la congresista Gabriel Giffords, sufrió un intento de asesinato en Arizona.

"Esta vez recibí una llamada de emergencia de mi hija. Fui corriendo y me llamaba porque se sentía sola en casa. Yo le dije: '¿Qué? Estoy en el espacio durante un año y tú te sientes sola. Tienes 7.000 millones de personas ahí abajo, ve a buscar a una de ellas'", bromeó.

Uno de los motivos por los que Kelly fue elegido para la misión es que al tener un hermano gemelo, el también astronauta Mark Kelly, podrían estudiarse en ellos cambios genéticos ocurridos en estancias tan prolongadas en el espacio.

Por el momento se detectaron cambios en los telómeros, unas estructuras de los extremos de los cromosomas que se relacionan con el envejecimiento, al irse acortando según pasan los años. En el caso de Scott Kelly, sus telómeros se alargaron respecto a los de su hermano, en contra de lo que esperaban los investigadores.

"Resistencia" (Debate) es también la historia de un niño de orígenes humildes y mal estudiante, que encontró su vocación al leer a los 18 años "Lo que hay que tener" (Tom Wolfe), sobre los pilotos que participaron en la carrera espacial.

A su estancia de un año a la ISS se llevó un libro sobre el viaje de Ernest Shackleton al Polo Sur hace más de un siglo. En su opinión, los exploradores de cualquier época tienen en común la "curiosidad, la habilidad de manejar situaciones difíciles, la capacidad de lidiar con la soledad".

Esa misma resistencia deberán tenerla también los primeros humanos que viajen a Marte, afirma, aunque no es demasiado optimista respecto a la posibilidad que eso ocurra pronto.

"Podríamos ir (a Marte) si quisiéramos, si pusiésemos los recursos necesarios para ello", apuntó. Pero en el caso de Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha cambiado el objetivo de la NASA y pretende volver a la Luna como entrenamiento antes de llegar al Planeta Rojo.

"Creo que si tuviéramos una cantidad ilimitada de dinero estaría bien ir a la Luna para practicar para ir a Marte. Pero no lo tenemos", afirmó Kelly. "No es una propuesta seria porque no vino con un intento de mostrar que es serio, como un presupuesto, un director de la NASA o algún tipo de plan para ir" al Planeta Rojo.

Él mismo estaría dispuesto a embarcarse a una misión a Marte, siempre que hubiese un viaje de vuelta. "No me interesan los viajes sólo de ida (...) Siempre tiene que haber una vía de escape".

Más optimista es respecto al turismo espacial, que en su opinión podría empezar a verse en apenas un año con compañías privadas como Blue Origin o SpaceX, fundadas por Jeff Bezos y Elon Musk, respectivamente. "Creo que estamos a punto de ver cambios muy radicales en el acceso al espacio para no profesionales, aunque al principio será muy caro y arriesgado", señaló.

Pero, ¿para qué gastar miles de millones para enviar al hombre al espacio? La exploración espacial genera el desarrollo de tecnologías que mejoran la vida en la Tierra y contribuye a la economía, apunta el astronauta.

Pero sus motivos van más allá: "Si no fuésemos curiosos y exploradores, seguiríamos viviendo en la selva. La curiosidad, el deseo de explorar es lo que nos ha llevado como civilización a donde estamos ahora. Las civilizaciones que dejaron de explorar y de desarrollarse, dejaron de existir".

 

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