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“Una Centroamérica convulsa es una amenaza para EUA”

El presidente de Honduras se reunió con ocho congresistas para cabildear fondos de la Alianza para la Prosperidad.
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Visita. El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, estuvo en Washington, D. C. para exponer la importancia del plan regional para frenar migración.

Visita. El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, estuvo en Washington, D. C. para exponer la importancia del plan regional para frenar migración.

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* El autor es investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de American University en Washington, D. C.

Juan Orlando Hernández, el presidente de Honduras, parece haber asumido la batuta entre sus colegas del Triángulo Norte de Centroamérica en el cabildeo por la Alianza para la Prosperidad de la región, propuesta por Estados Unidos para frenar la migración de menores indocumentados hacia el norte.

Hasta ahora, es el único de los tres presidentes que ha venido solo a Washington a vender los que él considera logros de su país como punta de lanza en la gestión por los 1,000 millones de dólares que la Casa Blanca ha pedido al Congreso para Centroamérica.

“Estados Unidos, y el presidente Barack Obama, lo dije con nombre y apellido en mi discurso de toma de posesión, deben de asumir una responsabilidad compartida, aunque diferenciada, en el tema de la inseguridad causada por el tráfico de drogas”, dijo ayer Hernández a una audiencia formada por diplomáticos, periodistas y funcionarios en el Woodrow Wilson Center.

En la lógica del presidente hondureño, el tráfico internacional de drogas ha sido el principal generador de violencia en su país en la última década.

“En la última década Honduras ha perdido más vidas que en toda la historia de la república a causa del crimen internacional”, aseguró.

Observadores independientes, como el observatorio de violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, aseguran que las causas de los homicidios también tienen que ver con delincuencia común, violencia doméstica y robos.

En 2013, por ejemplo, las ajustes de cuentas y las riñas interpersonales causaron casi el 20 % de los asesinatos; las muertes relacionadas directamente con drogas representaron menos del 1 %, según el reporte de la UNAH para ese año.

Lo cierto es que el año pasado Honduras fue, según Naciones Unidas, el país más violento del mundo (sin contar países en situación de guerra civil o de otro tipo), con una tasa de 79 homicidios por cada 100,000 habitantes.

En 2014 jóvenes y niños hondureños menores de edad fueron, además, protagonistas, junto a los salvadoreños y guatemaltecos, de la crisis de los menores indocumentados sin compañía que llegaron a la frontera sur de los Estados Unidos, motivados sobre todo por la violencia, según un estudio del Centro Gubernamental de Rendición de Cuentas del Congreso.

Fueron 18,244 los jóvenes hondureños que llegaron durante la crisis, más que los 17,057 salvadoreños y los 16,404 guatemaltecos, y por primera vez más que los mexicanos (15,634), según un reporte del Centro de Estudios Latinoamericanos de American University.

Narcotráfico

La visita del presidente hondureño a Washington ocurre en momentos en que el Congreso estadounidense debate si otorgar 1,000 millones de dólares a los gobiernos de Tegucigalpa, San Salvador y Guatemala para invertir en programas que ayuden a disminuir la violencia, promover el desarrollo y, así, detener la migración de jóvenes. En el marco de ese debate, han surgido en Estados Unidos dudas sobre la transparencia de algunas instituciones de la región, sobre todo las vinculadas a la seguridad pública.

Sobre esas dudas, Hernández dijo que son legítimas, pero se apresuró a mencionar que su país firmó el 28 de enero pasado un acuerdo con Transparencia Internacional (TI) para garantizar la rendición de cuentas en las áreas de salud, infraestructura, tributación, educación y seguridad.

Otra duda surgida en Washington, sobre todo entre demócratas como Patrick Leahy, senador de Vermont, ha sido la política, en Honduras y El Salvador, de dar funciones de seguridad pública a los ejércitos.

Hernández se refirió al tema en el Wilson Center, y lo justificó al aceptar que la policía hondureña, señalada por corrupción e irrespeto a los derechos humanos, debe pasar por un proceso “de reconstrucción”: “Hemos creado una policía militar para que asuma algunas funciones mientras se depura y repotencia a la Policía Nacional. Es algo temporal”.

Sobre las dudas dijo: “Entiendo que no es un tema fácil de comprender, pero no es fácil entender desde aquí en Washington lo que pasa en Centroamérica”.

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