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Venezuela sacudida por muerte

Parecían los momentos posteriores a un terremoto. Las primeras reacciones en diferentes ciudades del país fueron la gente trasladándose a las bombas —estaciones de gasolina— a llenar el tanque de sus carros, además de otros grupos en los cajeros automáticos sacando dinero y varios centros comerciales importantes cerrando más temprano de lo normal.
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La telefonía móvil y los servicios de internet colapsaron debido a la ola de mensajes y llamadas nerviosas que la gente realizó a sus familiares y amigos.

En los barrios populares, la gente salía a las puertas de sus casas a comentar con los vecinos y hasta vaticinar el futuro del país. Incluso varios de ellos apostaban por los eventuales candidatos a la presidencia.

Pero el colorido típico del venezolano promedio no podía faltar y acompañado de la música del “padre cantor” Alí Primera homenajeaban la partida del carismático líder.

Así me encontraba yo, un periodista salvadoreño radicado en Venezuela desde hace más de 10 años, en medio de una jornada histórica, no solo en este país, sino en el mundo entero.

Venía de la calle rumbo a la oficina cuando en un semáforo estaba llorando una señora de la etnia guajira —la más numerosa de Venezuela— y aprovechando la luz roja, aun sabiendo que era por la muerte del presidente Chávez, le dije: “No llore por el presidente”. Ella me respondió: “No lloro por él, él ya descansa en paz. Lloro por nosotros, y ahora, ¿quién nos defenderá?”.

Flor Bracho, periodista en la Red Nacional de Radio de Fe y Alegría Venezuela, me dijo: “Me enteré vía Twitter y cuando entré a mi casa, que la noticia fue oficial, quedé en blanco, sin reacción, mi mente y cuerpo se bloquearon, yo inconscientemente asumía que era inmortal”.

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