Yihadistas de EI muestran al mundo su barbarie

La ejecución del piloto jordano Muaz al Kasasbeh superó la crueldad y desprecio por el ser humano de milicia yihadista.
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Rehén. Milicianos de EI, luego de capturar a Muaz al Kasasbeh (de blanco).

Rehén. Milicianos de EI, luego de capturar a Muaz al Kasasbeh (de blanco).

Un país de luto. Jordanos participan en una vigilia en memoria del piloto Muaz al Kasasbeh, quemado vivo por la milicia yihadista Estado Islámico (EI).

Un país de luto. Jordanos participan en una vigilia en memoria del piloto Muaz al Kasasbeh, quemado vivo por la milicia yihadista Estado Islámico (EI).

Yihadistas de EI muestran al mundo su barbarie

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Los carniceros están parados entre escombros como figurantes en una película postapocalíptica de Hollywood. Un hombre vestido con un mono de color naranja se coloca en medio de ellos y mira a su alrededor. Su rostro está marcado por huellas de tortura. Se trata de Muaz al Kasasbeh, un piloto jordano que realizó ataques contra posiciones de la milicia terrorista Estado Islámico (EI) por encargo de la alianza antiterrorista.

Al Kasasbeh fue capturado hace seis semanas por combatientes del EI cerca de la ciudad de Al Rakka, en el norte de Siria, y se convirtió en el protagonista del último video que la milicia ha difundido de sus asesinatos. Imágenes intercaladas sugirieron que Al Kasasbeh se encuentra en medio de una ruina de un edificio colapsado que habría sepultado a varias personas después de ser bombardeado por la alianza.

La coreografía del video del EI se parece a una película de cine. Sin embargo, revela un desprecio al ser humano que supera todos los videos de decapitaciones difundidos hasta la fecha por el EI. Al Kasasbeh es obligado a entrar en una jaula de hierro. Un verdugo enciende una antorcha y la baja al suelo a cámara lenta. Un reguero de llamas se dirige a toda velocidad a la jaula. Cuando el fuego rodea al piloto, el hombre se revuelca por el dolor y más tarde se pone en cuclillas. Parece como si estuviese rezando. Después, su cuerpo muerto cae al suelo. El EI muestra su agonía de principio a fin.

Hasta ahora, habían lapidado a mujeres, lanzado a presuntos homosexuales desde los tejados de edificios altos y decapitado a sus enemigos con cuchillos de carnicero. Y ahora llega al extremo de quemar vivas a sus víctimas.

Al igual que todos sus asesinatos, el EI intenta justificar también este último crimen con antiguas afirmaciones de estudiosos islámicos. Por ejemplo, la yihad es un medio correcto en la lucha contra la “agresión” de los infieles. Al Kasasbeh, que también era musulmán, tiene que morir porque realizaba ataques aéreos contra los islamistas. Pero este “castigo” no se halla en ningún texto teológico.

Ulemas de la Universidad de Azhar de El Cairo, respetada por millones de musulmanes en todo el mundo, condenaron el brutal asesinato tachándolo de “satánico” e insistieron en que nada permite semejante barbarie.

Existen motivos para que el EI ignore las reglas de la religión en cuyo nombre dice combatir. El autoproclamado “califato” en Siria e Irak se está desmoronando.

El enemigo jurado, Al Qaeda, volvió a ganar prestigio en el mundillo yihadista tras el atentado contra le revista satírica Charlie Hebdo en París. Y en opinión del Soufan Group, una consultoría estadounidense para cuestiones de seguridad, el EI tiene cada vez menos posibilidades de secuestrar a rehenes occidentales, debido a que los viajes a la región son cada vez más peligrosos.

La espiral de violencia cada vez más atroz del EI refleja su deseo de llamar la atención. Por un lado, los videos son una especie de “horror show” para los propios seguidores: “Miren. Nosotros estamos haciendo lo que Al Qaeda solo dice con palabras”. Por otro lado, son un mensaje del horror dirigido a Occidente que una y otra vez necesita ser renovado y recrudecido.

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