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¿Qué es el cónclave?

La palabra cónclave significa “bajo llave”, lo cual denota el estricto y secreto proceso por el que se elige al nuevo papa a través de una asamblea de cardenales electores.
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Anuncio.  Periodistas observan una de las estufas instaladas en la Capilla Sixtina, que anunciarán si hay o no papa.

Anuncio. Periodistas observan una de las estufas instaladas en la Capilla Sixtina, que anunciarán si hay o no papa.

La bendición.  Cuando el papa es elegido, se le impone una vestidura blanca para que posteriormente salga al balcón de la Basílica de San Pedro a pronunciar la bendición “Urbi et orbi”.

La bendición. Cuando el papa es elegido, se le impone una vestidura blanca para que posteriormente salga al balcón de la Basílica de San Pedro a pronunciar la bendición “Urbi et orbi”.

¿Qué es el cónclave?

¿Qué es el cónclave?

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No siempre fue secreto. El cónclave, como todo, ha ido transformándose con el paso del tiempo. Sin embargo, solo son cuatro los cambios más reconocidos que ha tenido. De acuerdo con el Diccionario General del Derecho Canónico de la Iglesia católica, durante el primer milenio en la elección del papa había intervención frecuente del poder civil y hasta del pueblo. Según el padre Hugo Dávila, especialista en el cónclave, el primer documento que norma el cónclave fue instituido por el expapa Gregorio X, se conoce como Ubi perículum, que surgió en el II Concilio de Lyon en 1274.

Allí se establece, por primera vez, el encierro de los cardenales y la prohibición de mantener contactos externos. Con ello, la intervención del pueblo fue reducida; sin embargo, todavía existía la del poder civil. Y no fue hasta 1904 que el cónclave se establece de forma más detallada y sistemática; además, desaparecen del todo las intervenciones de los emperadores que tenían poder de vetar a un cardenal. De acuerdo con el padre Dávila, precisamente el expapa Pío X, quien hace estas modificaciones, fue elegido a causa de esta facultad, ya que el cardenal que había sido escogido como pontífice fue vetado por un emperador y entonces lo eligen a él.

Luego de esta modificación, no hay otra hasta 1996, cuando el expapa Juan Pablo II hace cambios en cuanto al hospedaje de los cardenales, quienes dormían en camas de campaña en los pasillos del Palacio Apostólico Vaticano, donde se habían levantado muros provisionales y se habían pintado las ventanas de colores oscuros para no tener contacto con el exterior.

Juan Pablo II manda a construir la Casa Santa Marta. El padre Dávila aclara: “No es un hotel cinco estrellas, es simplemente un hospedaje donde se puede dormir tranquilamente y hay una capilla para orar”. También limita el número de personas que prestan servicio durante el cónclave.

Tras estas regulaciones entran las del ahora papa emérito Benedicto XVI. La más significativa es que “procura las cosas para que los cardenales no tengan que esperar tanto para iniciar el cónclave”; es decir, que no se tengan que esperar los 15 días previstos para preparar todo.

Los ritos litúrgicos y la votación

La regulación vigente de la elección del sumo pontífice está estipulada en el documento Universi Dominici Gregis, el cual es acompañado por el libro Ordo Rituum Cónclavis. Contiene los detalles litúrgicos de la elección del obispo de Roma. Allí se establece que el cónclave inicia la misa para la elección del romano pontífice. En esta ocasión está previsto que se realice en la Basílica de San Pedro, como se hizo cuando se eligió a Benedicto XVI. A esta misa pueden asistir no solo los cardenales, sino miembros del clero y fieles que estén en Roma.

Finalizada la eucaristía, los cardenales, en procesión, se dirigen a la Capilla Sixtina, que ha albergado 24 cónclaves. Este sería el número 25. Durante el recorrido cantan las letanías a los santos. Ya frente al altar de la capilla, entonan el canto “Veni Creator” y hacen un juramento. Inmediatamente el maestro de ceremonia del Vaticano, Piero Marini, pronuncia el “extra omnes” (afuera todos). Inicia el encierro.

Los cardenales proceden a una serie de oraciones al Espíritu Santo. Luego inician las votaciones, las cuales pueden ser dos en la mañana y dos en la tarde. En la noche descansan en la Casa Santa Marta, que está a un kilómetro de la capilla. Para este cónclave, los cardenales realizarán el recorrido en minibuses vigilados por la policía y la Guardia Suiza.

Luego, a cada cardenal le es repartida la papeleta blanca rectangular en la que aparece aparecen impresas las palabras en latín “eligo in summum pontificem”, que significan: elijo como sumo pontífice. A cada purpurado le piden escribir el nombre del candidato con letra lo más ilegible posible para que no se sepa a quién ha propuesto cada cardenal. Durante la votación nadie que no sea cardenal puede estar dentro de la capilla, el encargado de verificarlo es el vicecamarlengo, el cardenal español Santos Abril.

Tras colocar el nombre, cada purpurado se levanta y deposita en una urna la papeleta, antes de hacerlo pronuncia una oración. Entonces, el camarlengo, Tarcisio Bertone, empieza a leer cada papeleta, que pasa a cada asistente electoral –tres “infirmarii”–, quienes han sido escogidos previamente al sorteo por el Colegio Cardenalicio. Cada vez que se inicie una votación deben escogerse nuevos asistentes. Uno de ellos tiene la misión de apuntador y otro recibe las papeletas y las coloca en una aguja con hilo. Si ninguno de los cardenales logra la mayoría de los dos tercios de los cardenales presentes, las papeletas se queman, lo que se conoce como fumata. El proceso debe repetirse.

Cuando finalmente un cardenal logra la mayoría de los dos tercios, se pronuncia su nombre y se le pregunta si acepta el cargo; de hacerlo, de inmediato se le cuestiona entonces sobre cómo quiere ser llamado.

Entonces todos los cardenales dan gracias a Dios y pasan a saludar al elegido. Las papeletas vuelven a quemarse esta vez con incienso para lograr el humo blanco, suenan las campanas del Vaticano y se pronuncia la frase “habemus papam”. El elegido es revestido con una sotana blanca y sale al balcón de la Basílica de San Pedro y pronuncia la bendición “urbi et orbi”.

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