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12 pautas para que sus hijos prefieran su cama

La clave reside en evitar la sobreprotección y ser flexibles en función de las necesidades de nuestros hijos a la hora de adaptarse a dormir solos.
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12 pautas para que sus hijos prefieran su cama

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¿Su hijo siempre lo visita a la hora de dormir? No se preocupe, porque ellos acabarán por elegir de manera espontánea su propio espacio para dormir. ¿Cuándo? Lo habitual es que a partir de los 10 años de edad busquen su propia intimidad nocturna.

La permisividad a la hora de compartir espacio de sueño con los más pequeños varía según las culturas. “En algunos países orientales, como Japón, los pequeños comparten espacio por la noche con sus padres hasta los cinco o seis años”, comenta Iván Carabaño, jefe del servicio de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos-Hospital General de Villalba.

El miedo a la oscuridad y la ausencia de los adultos, que suponen su fuente de protección, son causas habituales por las que un niño hasta los siete años de edad no quiera dormir solo. Sin embargo, es importante que poco a poco se brinden pautas que contribuyan a dar un paso más, dado que el hecho que el niño duerma solo es un paso a su autonomía, la cual deben sembrar los padres.

Hay ciertas pautas,  recomendadas por la psicóloga Carla Valverde, 
que pueden ayudar a que el niño duerma en su cama, si es lo que los padres quieren.

Preparar el terreno para que el niño vaya a dormir. Se pueden prevenir interrupciones del sueño durante la noche si se llega a la cama con la digestión hecha, se evitan actividades físicas estimulantes, se modera la ingesta de líquidos y se crea un entorno agradable (temperatura templada, cama cómoda).

Generar el hábito de dormir en su habitación a temprana edad facilita el proceso de adaptación. Se trata de que el niño tenga claro cuál es su lugar para dormir. Cuanta mayor coherencia exista en este sentido, más fácil será crear este hábito.

Fomentar cierta rutina a la hora de ir a dormir ayuda a que el niño pueda anticipar lo que ocurrirá antes de que se produzca la separación para irse a la cama. Ponerse la pijama, lavarse los dientes, contar un cuento, cantar una misma canción, caricias, besos y mimos. De esta manera, se ayuda a que el niño aprenda a diferenciar cuándo es el momento de estar con los adultos y cuál es la hora de irse a la cama.

Objetos quitamiedos que tranquilizan. Un osito muy querido, una foto de papá y mamá, una mantita muy suave, un atrapasueños, o dejar la luz encendida, pueden ayudar a los niños a lidiar con sus miedos cuando se queden a solas en la habitación.

Evitar ceder la cama. Si ante temores, pesadillas, despertares por diferentes motivos (malas digestiones, sed, necesidad de ir al baño) el niño acude a la cama de los padres y se lo permiten, se transmite el mensaje de que es posible dormir con ellos en determinadas circunstancias.

Fomentar la autonomía del niño a lo largo del día. Resulta positivo ayudar a los niños a hacer actividades propias de su edad por sí mismos (vestirse, comer, ordenar su habitación) para que adquieran autonomía y confianza en sus propias capacidades. 

Retirar los apoyos a la hora de dormir solos de manera progresiva. Es recomendable avanzar paso a paso hacia la meta de que los pequeños duerman toda la noche en su habitación. Existen varias opciones en este sentido, como acordar un tiempo para despedirnos o quedarnos un rato en la puerta, en lugar de todo el tiempo a su lado.

Ayudar a afrontar los miedos a la hora de irse a la cama. Se puede lograr al inventar un cuento con un final en el que se salga vencedor ante una pesadilla, que el niño corra a la habitación oscura, a pesar del temor que le puede generar o con las consiguientes felicitaciones de los adultos.

Analizar y detectar si existen en la vida del niño factores de estrés de carácter significativo que dificulten su tranquilidad e incidan en que no pueda conciliar el sueño al quedarse solo.

Crear momentos de unión en familia fuera del dormitorio. Si la separación del grupo familiar es la dificultad para renunciar a ese momento para irse a la cama, puede resultar útil para superarlo crear estos ratos en otro lugar de la casa antes de ir a dormir, como en el sofá.

Confiar en que el niño lo conseguirá y darse cuenta de la importancia de que nuestro hijo crezca. La actitud de confianza de los padres con sus hijos es clave para transmitirles que son capaces de dormir solos.
Favorecer un vínculo positivo con los niños.

El exceso de inseguridad y temores puede deberse a que la relación de apego con los progenitores esté establecida de forma inadecuada.

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