Adiós a la mala conducta en el aula

Bajas calificaciones, llamadas de atención constantes del centro educativo y cambios de conducta en el menor pueden ser una señal de alerta. Descubre más.
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Mucho se repite que el comportamiento que los hijos tienen en la sociedad es un espejo de la formación que se recibe en su hogar, y por supuesto lo es, dado que la educación tanto intelectual como emocional es prioridad para su desempeño en el transcurso de la vida. Además, si los hijos reciben la formación adecuada, esto alentará su autoestima y seguridad respecto al entorno. La psicóloga y directora del Centro PEyDE Alejandra Rivera expone: “La conducta es una respuesta adaptativa a varios factores, es decir, responde a aprendizajes, a emociones, a contextos en los que se produce, a entornos en los que el niño se encuentra y crece, por tanto, nuestra visión de conducta debe ser amplia”.

Cuando en recurrentes ocasiones se le dice que su hijo tiene mala conducta dentro del aula es importante saber que esta tiene varios orígenes, según expone la especialista; por ejemplo: el entorno familiar enfocándose en los modelos conductuales a los que está expuesto el niño, cómo papá y mamá resuelven problemas, cómo se relacionan entre sí, si existe o no buena comunicación, ¿gritan?, ¿pelean?, ¿dialogan?, ¿cuál es el estado de la familia?, ¿se le propicia al niño un entorno familiar estable?, ¿existe motivación en lo positivo o solo hay mucha restricción y castigos? Si la respuesta a estas preguntas se torna negativa, habrá que realizar un esfuerzo para que esto desencadene un problema conductual severo e irreparable.

En el aula

“La conducta en el aula puede responder a la existencia de un problema de aprendizaje, es decir, puede haber dificultades en la atención y concentración, excesiva inquietud motora, dificultades en el desarrollo del lenguaje, problemas en la adquisición de la lecto-escritura, dislexia, disgrafía y otros”, agregó Rivera.

Al conocer que la mala conducta obedece a causas multifactoriales, es importante encontrar la razón exacta, para luego proceder a ayudar al menor. Para ello, Alejandra Rivera menciona que es importante la comunicación fluida y continua con el centro educativo, disposición a trabajar en conjunto entre los padres y el centro educativo y de ser necesario se debe buscar ayuda profesional para que se hagan los correctivos necesarios, por medio de tratamientos y terapias educativas.

Además, este es un problema que se puede prevenir, por medio de la anticipación de la conducta (aquella que esperamos del niño y no la que no deseamos). Esto se logrará, según Rivera, con la motivación, transmisión de confianza, afecto, autoestima, ejemplificación de conductas alternativas, y con la supervisión y seguimiento de la conducta del niño. Además, se recomienda crear un horario diario para realizar actividades de ocio y escolares.

Recuerda que los padres son un pilar y cuestionar su comportamiento con preguntas asertivas como: ¿qué te molesta? o ¿qué crees que podemos hacer para cambiar la situación? podría hacer sentir a tus hijos que no es un regaño, al contrario, mostrará tu interés.

En cuanto a tratamientos, la especialista se inclina por una evaluación que explore todas las circunstancias antes mencionadas, y a partir de los resultados se determinarán los contenidos del programa terapéutico, para ayudar a la familia.

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