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¡Alto! Errores que cometes con tus hijos desobedientes

Educar a los pequeños en normas de convivencia no es fácil, y muchas veces el adulto cae en trampas.
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¡Alto! Errores que cometes con tus hijos desobedientes

¡Alto! Errores que cometes con tus hijos desobedientes

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Cualquier persona que haya cuidado niños sabe que, en ciertos momentos, pueden llegar a tener “mal” comportamiento y hacer rabietas. A veces esto puede aparecer con una frecuencia pasmosa; en la mayoría de los casos, lo raro es que los pequeños se ciñan a las normas que los padres ponen.

Los padres y madres no han desarrollado una habilidad innata y basada en la intuición que les permita lidiar con el mal comportamiento. Deben aprender de su experiencia para conseguirlo y prestar mucha atención a qué estrategias usan para frenarlo.

Lamentablemente, y según el sitio web Psicologiaymente.net, en este proceso de aprendizaje sobre la marcha aparecen una serie de errores muy frecuentes que son totalmente evitables. Detectarlos y eliminarlos requiere tiempo y esfuerzo.

Si quieres ahorrarte molestias, pon atención a estos aspectos.

Las demostraciones de poder

Una de las trampas en las que caen los padres y madres es tomarse la desobediencia como un desafío directo a su autoridad, como algo que debe gestionarse como si se tratara de un juego de intimidación militar.

Que un niño o niña no cumpla las normas no significa que lo haga para desafiar. De hecho, lo más probable es que sus actos sean consecuencia, simplemente, de que no tiene en cuenta esas reglas, que las olvida. Esto es muy común, ya que muchas veces normas de comportamiento que nos parecen de sentido común son, ante los ojos de los pequeños, carentes de sentido, algo que no se entiende y que, por consiguiente, no llegan a memorizar.

Así pues, para evitar este error, los padres primero deben asegurarse de si están ante un caso de “desobediencia” o, más bien, de simple “no obediencia”. En caso de que sea lo segundo, hay que esforzarse por hacer que el hijo o la hija entienda qué lógica hay detrás de la norma.

Imitar la rabieta

Ver cómo un niño grita o ataca verbalmente por una norma que no le gusta puede hacer que los padres caigan en la tentación de hacer básicamente lo mismo: enfadarse y contraatacar. En estos casos esto no es más que luchar contra el fuego con más fuego, y solo sirve para que dos personas pasen un rato estresante y desagradable.

Si esta rabieta deriva en un castigo –lo cual es muy frecuente–, hay que tener en cuenta que este castigo será interpretado como una extensión de la rabieta del padre o de la madre. Esto es: la razón de ser del castigo será la de una satisfacción personal relacionada con lo que el adulto siente en el aquí y el ahora, nada más.

Es por eso que los hijos que reciben castigos constantemente desarrollan resentimiento y frustración, algo que en ningún caso les lleva a comportarse mejor, sino a comportarse peor.

Ceder

Ceder cuando los hijos se niegan a seguir ciertas reglas es siempre contraproducente. Esto se debe a que el acto es interpretado con un mensaje: “desobedecer funciona”. Es decir, se pasa a creer que seguir las reglas es algo opcional y, por extensión, las reglas no sirven para nada. Simplemente son un obstáculo molesto a esquivar, ya que estén presentes o no se podrá hacer lo que se quiera.

Hacer ver que no ha pasado nada

Este error se parece al anterior, pero con un matiz. Mientras que si cedes estás dando a entender que la norma queda eliminada y ya no cuenta, al ignorar la transgresión de la norma introduces ambigüedad en la situación.

El infante no sabe si el adulto no actúa porque no se ha dado cuenta de que se ha desobedecido o si el padre o madre se ha dado cuenta y no ha considerado que eso sea importante. La sensación de desatención y de que lo que uno hace no le importa a nadie es muy negativa.

Así pues, la desobediencia siempre ha de tener una consecuencia, aunque esta sea la reformulación de las normas para encontrar un mejor punto de equilibrio entre ambos intereses. La negociación puede llegar a ser muy positiva. Esta es una manera de demostrarle a los infantes que sus necesidades e inquietudes son tenidas en cuenta y respetadas.

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