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Aprender a compartir se logra con el tiempo

Para que los niños aprendan el valor de compartir, es importante que no los obligue y les enseñe que al no hacerlo, puede obtener la misma respuesta.
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A medida  que los niños comparten, se dan cuenta de que puede ser algo divertido y que fortalezca los lazos de amistad.

A medida que los niños comparten, se dan cuenta de que puede ser algo divertido y que fortalezca los lazos de amistad.

Aprender a compartir    se logra con el tiempo

Aprender a compartir se logra con el tiempo

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Aprender a compartir es algo que los niños hacen con dificultad, ya que durante los seis primeros años de vida, el ser humano es, por naturaleza, egocéntrico. Ser egocéntrico supone una manera de ver el mundo desde la perspectiva de uno mismo, sin saber ponerse en el lugar de los demás.

Mientras más pequeños son, más les cuesta compartir. La mayoría de niños pequeños necesitan poseer muchos objetos, puesto que esto les da seguridad en sí mismos y en su entorno.

Aprender a compartir es un proceso que se va desarrollando con el tiempo y la educación, no es una característica innata que como seres humanos poseamos, es algo que se aprende poco a poco. Los niños pequeños piensan mucho en sí mismos y en lo que quieren o necesitan. El comenzar a pensar en las necesidades de otros es el principio de aprender a compartir. Pero es fundamental saber enseñárselo, ya que de esta manera se aprende a convivir. Aquí es donde los padres juegan un papel fundamental, ya que son el punto de referencia y el modelo a imitar.

El primer paso

No se trata de obligarle sin más a compartir, llamándole egoísta si lo quiere todo para él y no comparte nada. Egoísta es aquella persona que se puede poner en la piel del otro y no lo hace porque no quiere, pero los niños simplemente no son capaces de ponerse en el lugar del otro.

Un error muy común que cometen los padres es decir a los niños que todo es de todos. Esta afirmación es contraproducente, ya que los niños deben aprender que las cosas sí tienen un dueño, y que cuando se quiere algo, hay que pedir permiso a ese dueño. Y además, deben entender que el propietario puede decir que no, ya que hay cosas que se comparten y otras que no. El niño tendrá que aprender las dos experiencias –la de sentir el agradecimiento del otro frente a su generosidad y la de sentir el rechazo del otro ante su falta de generosidad– para tener el placer de compartir.

Si el niño no comparte sus cosas, puede no dejarle algo que normalmente le dejaría, para que entienda que si no es generoso, los demás también pueden no serlo.

Es importante no obligar al niño a compartirlo todo. Póngase de vez en cuando en el lugar de su hijo y establezca con él la lista de juguetes que no quiere compartir si tiene visita. Es importante que él le explique sus razones y respetarlo, muchas veces es algo que él desea tener solo para sí por su valor personal y le preocupa que le pueda suceder algo, explica Todopapas.com.

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