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Armani, 84 años sin parar de trabajar

Armani, referente de la moda milanesa, sigue en activo en su firma aunque trabaja en su sucesión a través de una fundación creada en 2016.
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Es una de las leyendas vivientes de la alta costura, ícono del estilo italiano y pionero en reivindicar la influencia de la indumentaria. El pope de la moda que revolucionó el traje masculino, Giorgio Armani, cumplió 84 años este 11 de julio, aunque su carrera está todavía lejos de llegar a su fin.

Es curioso que acabara convirtiéndose en el rey de las pasarelas si se tiene en cuenta que de niño quería ser médico; de hecho, estudió tres años para ello en la universidad de Milán. Después abandonó el campo de la salud para hacer el servicio militar y cuando lo terminó comenzó a trabajar como escaparatista para las galerías La Rinascente. Fue ahí donde descubrió su verdadera pasión y empezó a seguir ese camino. Más tarde trabajó como ayudante de fotografía y como dependiente en la sección masculina de una tienda, hasta que se topó con el taller del estilista Nino Cerruti en 1964. Allí, sin ninguna formación en diseño, creó una colección completa de hombre. Sus cualidades eran innatas y así empezó a ganarse la vida diseñando para otras marcas, hasta que en 1975 despegó en solitario. En esos primeros pasos se fraguó la larga trayectoria de éxito mundial que vino después.

Su reputación a nivel planetario se consolidó cuando creó el fondo de armario de Richard Gere en “American Gigolo” en 1980. El vestuario de esta película fue su particular laboratorio de estilo y una declaración de intenciones que le abrió las puertas del cine. Desde entonces supo cómo tejer un puente perfecto entre la pasarela y el Paseo de la Fama y se convirtió en el ícono del nuevo glamur de la meca del séptimo arte. Poco a poco fue forjando una potente relación con el mundo del celuloide y sus estrellas, lo que se reveló como una maniobra perfecta de marketing que no ha dejado de dar frutos en todo este tiempo. Más tarde, en 1990 contó para las cámaras de Martin Scorsese en el documental “Made in Milan” que el cine ha sido su “primer y verdadero amor”.

Durante la década siguiente, el creador italiano —que se adjudicó el mantra “la ley del lujo no es añadir, sino quitar”— se convirtió en el sinónimo de power dressing. No solo concibió un look italiano refinado para el hombre sino que también dio vida a aquellos trajes distinguidos y con los hombros marcados que enseguida se convirtieron en el uniforme para toda una generación de mujeres que empezó a ocupar puestos de trabajo habitualmente reservados para los hombres.

Bajo la batuta de Giorgio, la casa Armani se convirtió en un fenómeno y pasó de ser una empresa a transformarse en un auténtico imperio en 40 años. Uno de sus hitos fue desplazar a París como epicentro de la moda. La revista Time le dedicó su portada en 1982 —en su ámbito solo lo habían logrado antes Christian Dior, en 1957, y Pierre Cardin, en 1974— y fue la señal del cambio de rumbo.

Forbes ha estimado que es el sexto hombre más rico de Italia, tiene casas en todas partes; a menudo dice que las “colecciona”. Su empresa factura 2,500 millones de euros al año y da trabajo a 8,000 personas. En 2017, el rey de la moda confesó que empezaba a pensar en la jubilación y que se estaba afanando en dejarlo todo bien atado a través de un discreto plan de sucesión que lleva labrando al menos cinco años. Su programa pasa por transferir gran parte de su capital a labores de filantropía a través de la fundación que creó en 2016 y que lleva su nombre; por aumentar las inversiones en el sector digital y por fortalecer su apuesta por los accesorios.

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