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¿Cómo abordar los miedos infantiles?

Sus características principales son la dificultad para controlarlos y la imposibilidad de escapar, de ahí que los niños se muestren tan dependientes cuando los padecen.
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¿Cómo abordar los miedos infantiles?

¿Cómo abordar los miedos infantiles?

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El miedo es una de las emociones básicas que tenemos los seres humanos. Sin embargo, en la adultez esta emoción se puede controlar. Pero cuando nuestros hijos nos dicen que tienen miedo es porque lo están pasando muy mal. Una de las características principales del miedo es la dificultad para controlarlo y la imposibilidad de escapar, de ahí que los niños se muestren tan dependientes cuando tienen miedo.

¿Cuáles son las características que muestra un niño cuando siente miedo?

El miedo, sin lugar a dudas, nos hace defendernos y alejarnos. Además, tiene la característica de ser una emoción muy intensa. Ante ello es interesante saber que las emociones desagradables (miedo, tristeza, rabia) son más intensas que las agradables (alegría o curiosidad).

Asimismo, el miedo aparece de forma súbita, pero afortunadamente, suele durar muy poco tiempo. Los estudios llegan a la conclusión de que una emoción suele durar dos minutos.

Además, debes conocer que la voluntad no es suficiente para evitar tener miedo. No podemos hacer nada para que nuestros hijos no sientan miedo, pero lo que sí podemos hacer es enseñarles estrategias para gestionar y controlar dicho miedo.

Veamos algunas de estas estrategias de intervención.

No racionalizar los miedos: 
Ya hemos comentado que el niño no puede elegir tener miedo o no, ya que esta emoción surge de manera involuntaria, automática e inconsciente. Es por ello que no conviene racionalizar los miedos con comentarios como “no entiendo cómo tienes miedo de un caniche”, “ves como cuando quieres, puedes” o “el colegio es muy divertido, te tiene que gustar”.

Legitimar los miedos:  
Si el miedo es subjetivo, es decir, de cada persona, debe ser aceptado y legitimado siempre. Los niños no eligen tener miedo por placer, por lo tanto, debemos aceptar y respetar sus miedos, sean los que sean. Aquí no entra en juego nuestra opinión ni, como decíamos antes, debemos racionalizar los miedos.

Ayuda a tu hijo a reconocer sus miedos: 
Uno de los primeros pasos que debemos dar para superar un miedo es reconocer que lo tenemos. Es ahí donde la ayuda del adulto es fundamental (mamá, papá, profesores, etcétera). En aquellas situaciones donde el niño tenga miedo, debemos explicarle que el miedo viene acompañado de otros elementos.

Nombrar para dominar: 
Si cada vez que el pequeño tiene miedo, lo que hacemos es tranquilizarlo y etiquetar la emoción que está sintiendo, estamos favoreciendo el reconocimiento futuro de sus miedos. Podemos decirle algo parecido a esto: “María, no te duermes porque tienes mucho miedo. Es algo muy normal. Mamá y papá también tenemos miedo a otras cosas”.

Sintoniza con sus miedos y actúa de manera responsiva: 
Para poder sintonizar con los miedos de nuestros hijos necesitamos ser empáticos y comprensivos con ellos. Una vez que hayamos identificado su miedo, debemos actuar de tal manera que nos hagamos cargo de lo que necesiten. Dado que no son capaces por ellos mismos de solucionar dicha situación, los ayudaremos a tranquilizarlos y a que vayan adquiriendo herramientas para afrontar sus miedos de manera autónoma.

Comprender no es justificar: 
Es importante que distingamos entre comprensión y justificación. El hecho de que comprendamos que nuestro hijo le ha pegado a su hermano porque tenía miedo no quiere decir que estemos justificando dicha conducta, pero sí que nos debemos mostrar comprensivos y empáticos con él. Podremos castigar o reprochar su conducta, pero jamás a su persona.

Mirada incondicional: 
En la misma línea que lo que acabamos de decir, es imprescindible que nuestros hijos no se sientan evaluados por el hecho de tener determinado miedo. Tenemos que mirar a nuestros hijos de manera incondicional. Los queremos por el simple hecho de existir y de ser nuestros hijos. Que sean más o menos miedosos no aumenta ni disminuye nuestro amor hacia ellos.

No preguntar el porqué de sus miedos: 
Dado que nosotros los adultos somos los expertos emocionales (o deberíamos serlo), no debemos preguntar nunca a los niños por qué sienten miedo. Somos nosotros los que les tenemos que dar una explicación de por qué tienen miedo.

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