Concha Marina de Aguilar fue llamada a la presencia del Señor

Hondo pesar ha causado en la sociedad salvadoreña la irreparable pérdida de la estimada señora Concha Marina Samayoa de Aguilar, una mujer llena del amor de Dios y de su familia, y que se incorporó al Opus Dei en los años sesenta.
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Doña Conchita acompañada de sus hijos: sentados, Celina de Argueta y Juan Carlos Aguilar. De pie: Carmen Lorena Aguilar, Clarisa de Aparicio y Enrique Aguilar.

Doña Conchita acompañada de sus hijos: sentados, Celina de Argueta y Juan Carlos Aguilar. De pie: Carmen Lorena Aguilar, Clarisa de Aparicio y Enrique Aguilar.

Del recuerdo. Los esposos Roberto Antonio Aguilar y Concha Marina Samayoa de Aguilar, con tres de sus nietos.

Del recuerdo. Los esposos Roberto Antonio Aguilar y Concha Marina Samayoa de Aguilar, con tres de sus nietos.

Concha Marina de Aguilar  fue llamada a la presencia del Señor

Concha Marina de Aguilar fue llamada a la presencia del Señor

Concha Marina de Aguilar  fue llamada a la presencia del Señor

Concha Marina de Aguilar fue llamada a la presencia del Señor

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Rodeada del cariño de sus familiares y confortada con los santos sacramentos de la Iglesia católica, doña Concha Marina Samayoa de Aguilar entregó su alma al Creador el domingo 12 de marzo a la edad de 93 años.

Este día, a las 6 de la tarde, en la parroquia de Santa Elena, habrá una misa de fin de novenario por el eterno descanso de su alma, la que será oficiada por sus hijos los padres don José Roberto y don Ernesto Aguilar Samayoa.

Realizó sus estudios en el Colegio La Asunción (El Salvador) y en el Colegio Villa María, en Montreal, Canadá.

El 19 de marzo, de 1949, contrajo nupcias con Roberto Antonio Aguilar.

De esta unión matrimonial nacieron nueve hijos, el segundo de ellos, Rodrigo, ya goza del reino de los cielos.

La recordada señora de Aguilar, cuya devoción más grande era para San José, se incorporó al Opus Dei a inicios de los años sesenta, allí colaboró con los apostolados y labores.

“La recuerdo como una mujer que daba paz y sus consejos eran claros y acertados. Ella siempre nos aconsejó y nos guio en nuestro camino”, expresó su hijo el padre don José Roberto Aguilar Samayoa.

Dotada de virtudes

Doña Conchita, que según sus hijos siempre fue una mujer muy sencilla y serena, y con mucho amor a Dios, a su familia y al prójimo, siempre estuvo pendiente de ayudar a los más desprotegidos y a los enfermos.

“Ella tuvo la generosa visión ciudadana de no solo mejor su vida familiar, sino crear oportunidades para que otros mejoraran”, expresó Kalena de Velado, quien dijo que la señora de Aguilar fue una de las creadoras del centro de formación espiritual y de retiros llamado La Lomita.

Su familia se encuentran recibiendo condolencia.
 

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