¿Dónde aprendió eso?

Comportamientos y palabras son parte de lo que los hijos pueden aprender de su entorno. Lo primero a saber es de quién los adquieren.
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Los hijos aprenden no solo de sus padres, sino también de las demás personas de su entorno. Pueden ser sus compañeros de escuela, tíos, primos, profesores, personas que los cuidan mientras papá y mamá trabajan.

Quizá se trate de una frase, por ejemplo, “yo quiero ser vegetariano”. Los padres pueden hasta llegar a sorprenderse ante una declaración así, porque se preguntarán dónde aprendió eso, a quién se lo escuchó o si sabe al menos de qué está hablando.

Cabe la posibilidad de que lo haya visto en televisión, pero también de que lo haya escuchado de alguien más, una persona de su entorno.

Pero quizá se trate de un comportamiento o acción: le da una patada a su mascota o se maquilla y viste con los accesorios de mamá. Se trata, muchas veces, de reproducir actitudes que ellos han visto en alguien más. Lo que incomoda a papá y mamá, a veces, es que las actitudes no sean acordes a lo que ellos les han inculcado.

Las expresiones de un niño o niña forman parte de lo que pudieron ver y aprender de otra persona. “Un día mi hija me dijo y señaló con el dedo índice que esperara donde estaba. Me pareció hasta amenazante y me sorprendió, porque tenía cinco años y no era algo que a ella se le podía ocurrir sola”, contó Graciela Ventura.

Para el psicólogo Rafael Franco, esto se da en muchas ocasiones cuando los niños comienzan su educación escolar. “A esa edad ellos no tienen la capacidad de saber si es algo bueno o malo lo que dicen o hacen. Simplemente lo hacen”, aseguró.

Más que asombro

Al momento en que los padres escuchen o vean algo en los pequeños que pudo ser aprendido de otras personas, más que asombrarse deben investigar dónde lo aprendieron, explicó Rafael Franco.

Pero en este punto los padres tienen dos alternativas: dejarlo pasar sin darle importancia o establecer una mejor comunicación. Si optan por la primera alternativa, quizá más adelante observen otros comportamientos que no les agraden; pero si desde el principio no le dieron importancia, sus hijos no estarán acostumbrados a cambiar ciertas cosas.

“Lo ideal es que se dé esa comunicación, tanto entre padres como con los hijos. Así pueden saber de dónde provienen ciertos comportamientos y los papás pueden decirles que hay cosas que no son acordes a los valores familiares”, ahondó el especialista.

Estar pendiente de con quién se relaciona su hijo y hablar sobre los valores familiares no implica que le prohíba algunas amistades o que hable con determinadas personas. Más bien ellos deben comprender que hay cosas que no son correctas de acuerdo con la educación familiar y que, por ende, no es adecuado que las reproduzcan.

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  • ser padres
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  • aprender
  • reproducir actitudes
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