Dra. Margarita Mendoza Burgos

Al mencionar la palabra “vejez” lo hago a propósito, con el mayor de los respetos y con toda la intención de quitarle el sentido peyorativo que injustamente se le ha ido dando. Se le empezó a dar al relacionar equivocadamente lo viejo con lo inservible, por lo que a los viejitos, por respeto, se les empezó a llamar ancianos.
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&nbsp;<p> Con el tiempo la palabra “anciano” también iba adquiriendo un color peyorativo, porque únicamente había cambiado la palabra, no el concepto que la sociedad tenía. En esencia, el anciano seguía siendo lo mismo, entonces se inventó el término “persona de la tercera edad” para ver si de esa manera era posible hablar de la última etapa de la vida de forma digna y respetuosa, pero se fomentó con ello el carácter peyorativo del término “anciano”, y más aún el de “viejito”. <br /></p><p> No ha hecho falta mucho tiempo para que lo de la “tercera edad” también haya empezado a mancharse de indignidad, siempre por la misma razón, y la sociedad haya descubierto el término de “adulto mayor”, buscando la redención de la vejez de alguna misteriosa y grave culpa que nunca tuvo, pero que la sociedad parece ver cada vez más clara. Y tampoco pasarán muchos años antes de que el término “adulto mayor” deje de ser bien visto y sea sustituido por otro, tratando nuevamente de disimular con un nombre “digno” la marginación que la propia sociedad proyecta sobre esta parte de sí misma.</p><p>Muchísimas personas afrontan esta etapa de su vida de una forma negativa y mentalmente poco saludable. Es difícil que surja el estímulo para la planificación cuando se entra en esa etapa sin asumirla, y no se asume porque se siente rechazo a ella.</p><p>Rechazo que, regado por la propia cultura, ha germinado y crecido a lo largo de todas las etapas previas de la vida; rechazo y marginación que cada día más la sociedad proyecta amparada por los valores de la cultura occidental actual, como el dinero, el poder, la productividad, la capacidad de trabajo, la eficacia, la fuerza, el sexo; precisamente aquellos que son inasequibles para la tercera edad.</p><p>&nbsp;</p><p>La vejez debería ser la etapa de sentir la satisfacción del deber cumplido y de disfrutar del descanso y la tranquilidad de dejar de sentir el peso de las responsabilidades, ver cómo la vida que heredamos tiene su continuidad en las siguientes generaciones, a lo cual en alguna forma hemos hecho aporte. Y ello seguramente sería mucho más fácil si la actitud del resto de la sociedad hacia la tercera edad fuese diferente.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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