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Duérmete... ¡pero en tu cama!

Dormir en la cama de sus padres proporciona a los pequeños confort y seguridad. También hay adultos que se sienten bien con ello. Pero todo tiene límite.
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Duérmete...  ¡pero en tu cama!

Duérmete... ¡pero en tu cama!

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Para muchas familias, dormir con sus hijos no es una práctica esporádica, sino una situación constante que es impulsada por los propios padres desde el nacimiento del niño y que forma parte de un proceso de crianza natural.

Sin embargo, cuando esta situación se convierte en un hábito regular durante mucho tiempo, tiene consecuencias. A muchos padres les supone un trastorno importante del sueño, una alteración que afecta a su descanso y, por tanto, a su estado físico y mental. En estos casos es conveniente actuar con determinación para erradicar este hábito.

Establece las razones:

Entender lo que lleva a tu pequeño a querer dormir contigo te indicará cómo manejarlo. Puede ser que sienta que se está perdiendo de algo o que sienta miedo a la oscuridad. Escucha sus razones con interés y soluciona sus miedos para que pueda dormir tranquilo.

Dale un objeto transicional:

Los niños están enteramente ligados a sus madres y es por eso que a muchos se les dificulta dormir solos. Es una excelente idea que él o ella tenga un objeto transicional que le ayude a tomar este paso sin tanta ansiedad. Este puede ser una cobija, un peluche, etc.


Establece una hora de dormir:

Los seres humanos de todas las edades somos animales de costumbre. Si cambias cada noche la hora de dormir, solo estarás creando confusión y entorpeciendo su sueño. Debes establecer y reforzar una hora específica para dormir.

Prémialo:

Los niños responden muy bien a los premios. No se trata de que le compres un juguete caro, pero sí de que hagas negociaciones y le ofrezcas pequeños beneficios por su buen comportamiento.

Pon una barrera:

Cuando estés eligiendo la cama nueva de tu hijo, inclínate por aquellas que tengan una colorida cerca remisible o algún otro tipo de obstáculo que le impida salirse de su cama cuando así le plazca.

Los padres deben actuar con firmeza:

Los nuevos hábitos de sueño pueden dar respuesta a algunas de las causas que provocan que el niño acuda por las noches a la cama de sus padres. No obstante, si la rutina está muy arraigada, es probable que se repita de nuevo de forma generalizada o esporádica. Cuando esto ocurra, es preciso que los padres se muestren firmes en su decisión y, siempre de una forma tranquila y sosegada, acompañen de nuevo al niño a su cuarto y con palabras tranquilizadoras le ayuden a conciliar el sueño otra vez.

Para que sea efectivo, es importante evitar dormirse con el niño en su cama o esperar a que se duerma con el progenitor al lado, ya que si se despierta de nuevo lo primero que notará es que le falta la figura materna o paterna. Entonces regresará a la habitación en su busca.

Las excepciones pueden confundir a los niños:

En ocasiones, aunque se haya tomado la decisión de no permitir que el niño duerma en la cama de sus padres, por diversos motivos, se vuelve de forma esporádica a esta práctica. Unas veces es porque el pequeño está enfermo y resulta más cómodo dormir a su lado por si se despierta. Otras, porque uno de los progenitores está de viaje y el otro no quiere dormir solo. O quizá porque es fin de semana...

Aunque estas excepciones pueden hacerse, han de evitarse durante el período de reeducación del hábito del sueño, ya que solo crearán confusión en el pequeño, que no entenderá por qué a veces sí puede dormir con sus padres y otras, no.

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