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El ajo

El ajo (Allium sativa) es una planta con hojas planas alargadas y una capucha como de papel alrededor de las flores.
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Estas son de un color blanco verdoso o rosadas y se encuentran agrupadas en el extremo de un largo tallo. Este surge del bulbo de la flor, que es la parte de la planta que se emplea como elemento medicinal. El bulbo está formado por muchos pequeños bulbos cubiertos por una piel papirácea que se denominan dientes. Aunque el ajo se conoce como la “rosa que huele mal”, realmente es un miembro de la familia de los lirios.

Las características del ajo dependen de las riquezas del suelo en el que crece. Muchos pueblos de la antigüedad emplearon el ajo durante miles de años, como alimento y medicina. En 1858 Louis Pasteur estudió formalmente el ajo por sus propiedades antibióticas, el doctor Albert Schweitzer empleó el ajo para tratar el cólera, el tifus y la disentería en África.

Aplicación

El ajo puede tomarse crudo o cocido, en forma de tabletas, cápsulas y como tintura o jarabe. Los dientes de ajo pueden aplicarse interna o externamente. El consumo de ajo crudo puede ser realmente un placer si está triturado o rallado y mezclado con los alimentos o con una cucharada de miel.

Modo de uso

La dosis sugerida de ajo completo es entre uno y tres dientes cada día. La dosis de la tintura es de 2 a 4 ml o entre 15 y 40 gotas dos veces al día. Para hacer un cataplasma empleando ajo fresco rayado o triturado se debe colocar el producto directamente sobre la lesión o erupción, solo o mezclado con miel pura de abejas. También puede hacerse un emplasto para evitar el contacto directo de la mezcla en la lesión, la compresa debe colocarse directamente en la lesión.

Las personas hemofílicas o que consumen medicamentos anticoagulantes deben consultar con el médico antes de usar el ajo, ya que este inhibe la coagulación de la sangre.

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