El corazón y las vitaminas

La falla del corazón representa la causa más importante de mortalidad en los países desarrollados y es la responsable de constantes ingresos al hospital, falta de apetito, pérdida de peso y disminución de la capacidad para trabajar o de ser independiente.
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<p>El cansancio crónico, la dificultad para realizar esfuerzos, las náuseas, la saciedad temprana después de las comidas, la retención de líquido y el aumento de otras complicaciones, como las infecciones, producen deficiencias de varios nutrientes importantes. El corazón, sano o enfermo, necesita de un flujo constante de energía y diversos nutrientes, en la forma de vitaminas o minerales, para lograr bombear la sangre a todos los rincones de nuestro cuerpo. Es por esta razón que debemos discutir sobre la nutrición de nuestro corazón de forma integral, ya que usualmente se nos aconseja sobre la reducción de las grasas y sal en las comidas, y la restricción de líquidos, pero de forma muy rara se aborda el problema desde un punto de vista amplio. En esta ocasión, voy a comentar un grupo de vitaminas muy populares: Las vitaminas del complejo B, de las cuales las principales son nueve, sirven en nuestro cuerpo como sustancias necesarias para que sucedan reacciones químicas que nos permiten por ejemplo crear energía para nuestras células, pero que también controlan la contracción o dilatación de nuestras arterias. Además, estas vitaminas participan en la regulación del riesgo de que formemos placas de grasas o de inflamación en las paredes de los vasos sanguíneos. De esta forma, estas sustancias juegan un rol crítico en diversos factores que tarde o temprano afectarán el flujo de sangre vital al hambriento músculo cardíaco. La tiamina, o vitamina B1, puede estar disminuida en rangos que van del 13% hasta el 96% en las personas con falla cardíaca. Esta deficiencia se encuentra determinada por la falta de una dieta variada o de calidad, o incluso por los medicamentos que la reducen, como los diuréticos (medicamentos para orinar). Los adultos necesitan 1.2 mg al día de esta vitamina, siendo las fuentes alimenticias más importantes: la leche, los cereales integrales, la levadura de cerveza, nueces, almendras, hígado de res, carnes y pescado. (ejemplos: un cuarto de taza de nueces aporta 0.48 mg de tiamina y una taza de arroz enriquecido 0.44 mg). Hay reportes en los que el uso elevado de tiamina, de unos 200 mg al día, pueden mejorar la fuerza de contracción del músculo cardíaco. Sin embargo, esta no es una recomendación aplicable para todas las personas, por lo que cada caso debe individualizarse. El ácido fólico (vitamina B9) es otra importante vitamina de este grupo. Su deficiencia se ha relacionado a alteraciones del colesterol, hipertensión y hasta diabetes. El alto consumo de grasas, bajo consumo de fibra y la disminución del consumo de esta vitamina parecen alterar nuestros vasos sanguíneos y explicar en mucho estas enfermedades. La dosis diaria para adultos ronda los 200 microgramos. Para poner en perspectiva, una taza de frijoles aporta 128 ug, una taza de jugo de naranja 136 ug y 3 onzas de hígado 654 ug. Al terminar de leer este artículo puede creerse que la inyección de vitaminas del complejo B trataran cualquier problema en nuestro corazón, pero esto no es así de fácil. Hay muchos aspectos que regulan las enfermedades. A pesar de los estudios hace falta saber mucho más. De lo que no queda duda es que la prevención de la desnutrición, la alimentación sana y variada y los controles oportunos son capaces de mejorar la calidad de vida de todos los pacientes que presentan fallas cardíacas.</p><p>&nbsp;</p>

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