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El mal que ataca al sistema digestivo

El intestino delgado del ser humano en promedio tiene una longitud de 3.5 metros, se encuentra localizado inmediatamente después del estómago y se extiende hasta llegar al ciego del colon.
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Es un órgano maravilloso que nos permite absorber los alimentos gracias a que sus paredes internas parecen redes enormes formadas por vellosidades que permiten el paso de los nutrientes hasta la sangre, de donde son enviados a todos los rincones del cuerpo. De hecho, muchos especialistas consideran que el intestino delgado es el sistema de defensa más importante, ya que a cada momento entran por la boca gérmenes y sustancias potencialmente dañinas que son controladas por millones de células y sustancias producidas en las paredes intestinales.

En muchas situaciones, el intestino sufre enfermedades que afectan sus funciones. Los niños, por ejemplo, pueden nacer con defectos o bien pueden desarrollar obstrucción intestinal, lo que obliga a cirugías de emergencia que retiran largos segmentos del intestino delgado. Los adultos también pueden necesitar de estas cirugías cuando adolecen de sangramientos, cáncer o enfermedades inflamatorias, como la enfermedad de Crohn; además, en ocasiones el intestino está tan enfermo que, a pesar de no haber sufrido ninguna cirugía, reduce todas sus funciones, tal como sucede en la inflamación generada por la radioterapia extensa o en la enfermedad celíaca. El síndrome de intestino corto, mejor llamado falla intestinal, abarca entonces tanto un intestino de corta longitud como un intestino de longitud normal, pero en ambos casos, con serios problemas para absorber los nutrientes, lo que provoca desnutrición severa y deficiencias de sales, minerales y vitaminas.

En el mundo, miles de niños y adultos tienen falla intestinal. En todos los casos se necesita apoyo nutricional estricto y seguimiento de por vida. Todas las medidas nutricionales tienen por objeto que el intestino logre adaptarse, que mejore su condición y que se reduzcan los síntomas más frecuentes, que consisten en diarrea, cólicos abdominales, gases, náuseas y vómitos. Las recomendaciones más importantes consisten en explicarle a los pacientes que deben masticar no menos de 20 veces los alimentos, que separen la ingestión de comidas sólidas de los líquidos por al menos 30 minutos, que eviten consumir comidas ricas en azúcares o con exceso de fibra, residuos o irritantes. Sin embargo, si la falla intestinal es severa, ya sea porque la longitud del intestino es muy reducida (menos de 1 metro) o que la enfermedad que le afecta es extensa, los pacientes necesitarán de alimentación artificial administrada mediante catéteres insertados en venas del cuello, lo que se denomina nutrición parenteral; de hecho, en los países desarrollados, por ejemplo, existen mochilas para que los niños puedan llevar esta alimentación todo el tiempo que sea necesario. Cuando la falla intestinal no mejora y el paciente es un buen candidato, se puede ofrecer trasplante intestinal. Este tipo de trasplante ya no es algo novedoso, ya que varios países del mundo lo realizan, lo que ha logrado prolongar la vida de los pacientes.

Los tiempos han cambiado, la nutrición ha avanzado lo suficiente como para comprender que puede mejorar diversas enfermedades que atacan al sistema digestivo. En la falla intestinal, el tratamiento temprano, la asesoría calificada, el apoyo nutricional y la prevención de complicaciones son los pilares fundamentales para luchar contra esa catastrófica condición.

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