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El papel del padre en la lactancia

El progenitor tiene que ser el apoyo y el sustento para que la madre y el bebé puedan establecer una buena relación de amamantamiento.
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El papel del padre en la lactancia

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La lactancia materna no solo tiene beneficios nutricionales, pues la cercanía física que la madre tiene con su bebé hace que se sienta más seguro durante su crecimiento. Según el portal pediátrico Healthy Children, al sostener a su bebé con seguridad en sus brazos y amamantarlo de su cuerpo, le ofrece una sensación de continuidad de una vida antes y después del nacimiento. Además, los niños aprenden mejor en un contexto de cercanía emocional con un adulto.

Pero, ¿cuál es el papel del padre? Alba Padró, asesora de lactancia, IBCLC, cofundadora de LactApp y autora de Somos la leche (Grijalbo), afirma que cada vez es más habitual ver a “padres implicados y muy conscientes de su papel en la lactancia materna y la crianza del bebé”. Al mismo tiempo, sin embargo, no es extraño encontrar casos de padres que se sienten desplazados por la intensa relación madre-bebé que propicia la lactancia, sobre todo en los primeros días, semanas y meses de vida del recién nacido. Tampoco los de progenitores que embarran un camino ya de por sí difícil con sus comentarios y actos, haciendo perder a la madre seguridad en su decisión.

“A veces los padres se sienten un poco celosos de esa relación especial que se establece entre mamá y bebé y esto puede llegar a convertirse también en una especie de excusa para desentenderse de sus cuidados, algo que acaba dificultando el establecimiento del vínculo entre papá y bebé y que, a su vez, contribuye a que la madre sea la que desarrolle más recursos para manejarse con el bebé, cerrando así un círculo vicioso”, reflexiona el psicólogo Alberto Soler, que en su libro Hijos y padres felices: cómo disfrutar de la crianza (Kailas), coescrito junto a Concepción Roger, dedica un capítulo precisamente a la no siempre fácil relación del padre con la lactancia materna.

Hay más cuidados que atender

Es cierto que un bebé amamantado, sobre todo en sus primeras semanas de vida, pasa gran parte de su tiempo pegado al pecho de su madre. No en vano este es alimento y, como tal, supervivencia, pero también es consuelo, tranquilidad y descanso. Sin embargo, no es menos cierto que esta etapa es efímera y pasajera; también que un bebé que requiere atención 24 horas al día precisa más cuidados más allá de la lactancia materna.

A través de ellos puede ir el padre estableciendo el vínculo con su hijo a la vez que contribuye de forma directa e indirecta a liberar a la madre de estos, permitiéndole centrar su atención en una actividad que implica más desgaste físico y psicológico del que muchas veces estamos dispuestos a aceptar.

“El padre tiene muchas oportunidades para estar presente en la crianza de un bebé pequeño ya que hay mil atenciones, acciones y trabajos que puede hacer desde el primer día con su hijo y que, evidentemente, su mujer va a agradecer infinitamente. Al final, cuidar del bebé también es pasear con él a medianoche por el pasillo arriba y abajo, quedarse un rato con el bebé en brazos mientras la madre se da una ducha o duerme un rato, bañarlo, cambiar pañales o poner lavadoras”, cita Padró.

“El padre tiene que ser el apoyo y el sustento para que la madre y el bebé puedan establecer una buena relación de lactancia. El padre cuida de la madre para que esta pueda cuidar mejor del bebé”, expresó.

La importancia de estar informados
  “Un papá informado es parte del éxito de la lactancia”, concede por último Alba Padró, que destaca en ese sentido la labor del padre de “observar, proteger y ayudar” a su pareja para que esta “esté cómoda y no se sienta asustada, insegura, reprobada o incapaz”.

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