El sexo como una cárcel

La adicción al sexo es una enfermedad cuyo fin es conseguir placer sexual. Repercute en tu vida personal, laboral y emocional, “no te deja ser libre”.
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Los adictos al sexo  son personas muy dependientes, con poca autoestima, les cuesta comunicarse.

Los adictos al sexo son personas muy dependientes, con poca autoestima, les cuesta comunicarse.

El sexo como una cárcel

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Muchas vidas de carne y hueso día a día tienen que cargar con el lastre de tener una adicción al sexo. No se trata de vicio, perversión o libertinaje, como se puede pensar, sino de una enfermedad, una adicción. “Es una dependencia como otra cualquiera”, asegura Francisca Molero, médico y directora del Institut de Sexología de Barcelona. Estamos hablando de una “cárcel”, de una adicción que no te deja ser libre, según publica Elmundo.es.

Comúnmente, este trastorno se denomina ninfomanía en las mujeres y andromanía en los hombres, pero esto, según los expertos, es cosa del pasado o al menos debería serlo, y lo correcto es decir trastorno de la hipersexualidad o de adicción al sexo. Esto es, una adicción cuyo fin último es conseguir y obtener por todos los medios el placer sexual.

“Una adicción implica una dependencia hacia una sustancia, actividad o relación, en este caso una actividad que está destinada a obtener placer sexual”, mantiene la doctora. Aquí, la respuesta es muy intensa porque se trata de un orgasmo, pero dura poco. Luego vienen las culpas y los remordimientos. Incluso, muchas de estas personas llegan a perder el placer sexual.

“Se considera dentro de las adicciones de conductas, ya que no hay ninguna sustancia. Se puede equiparar a la ludopatía (adicción al juego) en la que no hay una sustancia como tal (el alcohol, drogas, etcétera) que te sacie esa necesidad, sino que es una conducta la que lo hace”, explica por su parte Carmen Sánchez, psicóloga clínica y codirectora del Institut de Sexología de Barcelona. Las conductas pueden ser de tipos muy diversos: desde la masturbación compulsiva, el uso de pornografía o de líneas de teléfono eróticas hasta encuentros sexuales con personas desconocidas o incluso con profesionales.

La adicción implica, por tanto, “evadirse de las responsabilidades, mentir, sentimientos muy dolorosos de pérdidas y culpabilidad, ausencia de control e incluso problemas con la ley”. No tiene nada que ver con ser “muy sexual, tener mucho deseo sexual ni tener una gran actividad sexual”, aclaran las expertas.

Según estudios americanos, afirma Sánchez, entre un 3% y un 6% de la población norteamericana padece de este trastorno.

Perfil

El perfil de este tipo de personas es muy variado, pero suelen tener características comunes. Es más frecuente en hombres que en mujeres y más frecuente en “adultos jóvenes”, explica Molero. Pero aún así, el abanico es muy grande y muchas veces no tiene por qué ajustarse a ese “perfil” o “patrón”.

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