Empiñadas, la dulzura de Zacatecoluca

La cabecera departamental de La Paz es la sede de Empiñadas Rosales, un negocio familiar que ha llevado su mezcla de harina, almidón de yuca, azúcar, jalea y colorante de azúcar más allá de las fronteras de El Salvador.
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Hay un trabajo arduo detrás de las empiñadas, las dulces tostadas circulares unidas por jalea. Quizá no lo es tanto la preparación de la mezcla de harinas, sí un poco más la transformación de la piña en jalea, pero lo que es más duro son las muchas horas que se pasan frente al calor de la leña cocinando cientos de tostadas.
 
La faena para preparar este dulce antojo salvadoreño es una actividad que toma desde la mañana hasta la noche. Una tarea de resistencia a la temperatura a la que se le añade el esfuerzo físico de mover constantemente una pesada plancha de metal mientras se coce la masa.
 
Evitar los descuidos es importante para mantener la calidad, no perder el ritmo de producción y evitar quemaduras en las manos que rozan a cada momento el aceitado metal caliente.
 
La ocupación se ha extendido a una parte de la familia Rosales, coordinándose en la actualidad algunos primos. Incluso el trabajo ha llegado a la familia extendida, como es el caso de Walter Ayala, esposo de Karla Reyes Rosales, una de las nietas de Tomasa Cruz, quien inició con esto más de seis décadas atrás. Doña Tomasa lo inició como un apoyo a su esposo, quien elaboraba sorbete.
 
Las casas de los Rosales están a la orilla de una calle de tierra y piedras en las afueras de Zacatecoluca. Ahí tienen la base de su producción.
 
Walter mostró su habilidad para crear las tostadas, siendo primero importante encontrar la combinación adecuada de agua, harina suave de pan, almidón de yuca, azúcar y colorante de fruta. Es común identificar a esta golosina con el color rosado, aunque los artesanos que las preparan tienen la posibilidad de hacerlas de cualquier color. En esa mezcla está el secreto de su sabor.
 
Después será su esposa, Karla, quien mostrará cómo hacer barquillos; y más tarde, usando una mezcla diferente con más azúcar, Diana Rosales hace barquillos especiales para sorbete.
 
El sorbete es un producto que ellos también producen, otra de las herencias del trabajo de sus abuelos y la variedad que ellos preparan es tan grande que los sabores van desde los tradicionales hasta los de aguacate.
 
En los días previos a una temporada como la Semana Santa las labores se acumulan para satisfacer pedidos, empiñadas para otros vendedores y la que ellos mismos comercializarán en playas y parques. Habitualmente viajan a diferentes municipios de todos los departamentos de El Salvador para vender sus productos, por lo que no sería raro que se les vea en cualquier ciudad.
 
"Para mí es un orgullo ser Rosales, un orgullo que nadie me va a quitar porque lo tengo en mi corazón. Mi orgullo es mi abuela y ser artesano de empiñadas es lo mejor del mundo", dice Karla, una persona con un sentido del humor permanente. Contó que este conocimiento ya lo están pasando poco a poco a sus hijos.
 
El negocio familiar se adecúa a la demanda y a nuevos tiempos, ahora tienen un perfil y una página en Facebook, ambos llamados "Empiñadas Rosales", donde publican sus productos y actividades. Ahí muestran las fotos de una familia disfrutando de esta golosina en Europa, prueba que la dulzura de Zacatecoluca ha llegado muy lejos.

Tags:

  • empiñadas
  • semana santa 2016

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