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“Es mío y solo mío”

Compartir, sin rabietas ni llanto. Los padres deben saber que cuando sus hijos no quieren prestar sus juguetes, puede tratarse de una situación pasajera si en el hogar se le enseña a ceder y compartir.
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Reacción.  Los niños pueden reaccionar agresivamente cuando otra persona toma sus juguetes.

Reacción. Los niños pueden reaccionar agresivamente cuando otra persona toma sus juguetes.

“Es mío y solo mío”

“Es mío y solo mío”

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<p>“Había una vez, un pequeño príncipe acostumbrado a tener cuanto quería. Tan caprichoso era que no permitía que nadie tuviera un juguete si no lo tenía él primero. Así que cualquier niño que quisiera un juguete nuevo en aquel país, tenía que comprarlo dos veces, para poder entregarle uno al príncipe”, así inicia un cuento titulado “El príncipe y el juguetero” del escritor español Pedro Pablo Sacristán.</p><p>Esta historia no está muy lejos de la realidad, ya que el príncipe estaba acostumbrado a no compartir sus juguetes y tener a alguien que le fabricara juguetes exclusivos para él. Similares son los hijos que pueden decir a otros niños o incluso a sus familiares: “Es mío y solo mío”.</p><p>Al principio puede ser que a los padres de familia les cause gracia la actitud de sus hijos de no querer compartir sus juguetes con nadie, pero suele ocurrir que en algún momento se preocupen y se cuestionen a sí mismos si el niño o niña es egoísta o tiene otro tipo de problema.</p><p>“El egoísmo es parte de las emociones humanas y es normal sentir deseos de serlo en mayor o menor medida. Es la familia y la socialización los encargados de regularlo”, explicó la doctora en psiquiatría Margarita Mendoza Burgos. La especialista dijo que es una actitud normal en los niños a partir de los nueve meses de vida, porque es cuando empiezan a adquirir los movimientos necesarios para otorgar objetos por su propia voluntad.</p><p>Un caso similar le ocurrió a Patricia Mena, quien tiene un hijo de cinco años de edad. “Yo veía a otros niños y no tenían ese problema de compartir. Pero mi hijo se ponía a llorar cada vez que alguien tocaba sus juguetes. Poco a poco fue cambiando y ahora presta hasta sus cosas preferidas”, contó Mena.</p><p>El llanto es una de las reacciones de los niños a los que no les agrada que otras personas toquen o tomen sus objetos, principalmente sus juguetes. Pueden llorar hasta que les regresan el objeto o incluso hasta quedarse dormidos.</p><p>Otra actitud puede ser la rabieta, que implica que el niño se enoje, patalee y grite cuando observa que uno de sus artículos es manipulado por una persona que no es él. Normalmente, cuando esto sucede, la otra persona se lo regresa inmediatamente para que el pequeño no continúe con la escena de desagrado. </p><p>“Son los padres y cuidadores los que van moderando la capacidad de ceder y compartir. En las familias de bastantes hermanos y hermanas es más fácil obtener resultados pronto. Pero los hijos e hijas únicos logran intentarlo totalmente hasta que se realiza en la guardería o en la escolarización formal. Allí es donde terminan de aprender a esperar su turno, a ceder, a compartir”, agregó la especialista.</p><p>El valor de compartir es solo uno de tantos valores que los padres de familia se ven en la tarea de enseñar a sus hijos. Pero la educación de los padres siempre es completada por la enseñanza y las experiencias que vive fuera del hogar en el día a día. Por ejemplo, cuando el pequeño convive con otros niños se da cuenta de la importancia de convivir y compartir. </p><p>“Los padres deben iniciar la educación temprana de sus hijos e hijas y reconocer que las emociones humanas, como el egoísmo, la colera, el amor y la envidia son inherentes en todos los seres humanos. Verlas en nuestros hijos no quiere decir que son malos, simplemente hay que modularlas y enseñarles a manejarlas y expresarlas”, concluyó la doctora Burgos. </p><p>Después de pasar por diferentes dificultades, el príncipe aprendió a compartir con otros niños sus juguetes. “Aquella idea funcionó. El príncipe pudo divertirse de nuevo teniendo menos juguetes de los que ocuparse y, lo que era aún mejor, nuevos amigos con los que divertirse. Así que desde entonces hizo lo mismo cada día, invitando a más niños al palacio y repartiendo con ellos sus juguetes.</p><p>Todos los juguetes exclusivos creados para él estaban repartidos por todas partes, y el palacio se había convertido en el mayor salón de juegos del reino”, finaliza el cuento.</p><p>&nbsp;</p>

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