Exteleférico de San Jacinto, el lugar al que debes volver

Hace dos años escribí sobre este lugar y hablé de su abandono. Menos de dos años después, la visión de alguien que, como todos, vivió grandes momentos allá arriba ha permitido que el exteleférico tenga un poco del brillo que le fue robado. Este es el viaje por El Reino del Pájaro y la Nube, el lugar al que debemos volver.
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Ruinas De los diferentes negocios que estaban en la plaza central, ya solo quedan trozos de pared y el piso donde muchos caminaron.

Ruinas De los diferentes negocios que estaban en la plaza central, ya solo quedan trozos de pared y el piso donde muchos caminaron.

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Siempre viajé solo, sobre todo cuando me aventuraba a caminar por estas veredas del cerro de San Jacinto (mi casa), y no lo hice por temor, sino porque a veces el ruido de los pasos de alguien más puede restarte tiempo para escuchar lo que tiene que decir el silencio.

Una serie de sucesos confabularon para que volviera a este lugar que me atrapó desde niño y que a mis ojos nunca dejó de tener brillo. ¡Y la puerta se abrió! Primero para mí y luego para todos los que dejaron algo pendiente allá, en la cima de un cerro que nadie visita.

Hice la invitación y para mi sorpresa fueron muchos los que aceptaron el reto y confiaron en mis palabras, en estas letras, y emprendieron su propio viaje para encontrarse con ellos mismos siendo niños, caminando por el reino de los juegos fantásticos: el teleférico.

UN VIAJE CON AMIGOS, EL TELEFÉRICO 2018

Sin tener tiempo de pensarlo mucho, me encontré caminando por este museo de nuestra historia moderna, pero no lo hice solo, no quiero volver a hacerlo solo; esta vez lo hice con otros aventureros que se permiten ver la belleza en el vacío, se maravillan del recuerdo, les seduce el verde natural y creen, sobre todo, que lo tenemos todo si sabemos apreciar lo que nos rodea. Y así, convertido en un guía improvisado, compartí mi lugar favorito.

El transporte nos dejó en el final para redescubrirlo todo e iniciamos por el pulpo y la mariposa, de eso no queda nada, pero hubo algunos que pudieron verlo todavía. ¡Qué afortunados son! Y seguimos por allá, por el recorrido del trencito. Solo los durmientes y sus clavos de hierro oxidado quedan del recuerdo. Inertes testigos de la historia. 1 kilómetro era su recorrido y lo hicieron, hasta los más adultos, abducidos por la remembranza de su niñez.

Y seguimos caminando, los círculos dejados por las maquinarias de vueltas sinfín, el carrusel, las tacitas e insectos gigantescos estaban aquí.

De aquí a las chocitas, solo el piso queda de aquello, pero ellos, los viajeros, se maravillaron de encontrarse ahí, como yo lo hice en aquella soledad de mi pasado.

Y saltamos, nos reímos y corrimos. Todo en cada ascenso, todo en cada grupo, cada uno lo vivió de la misma forma, reencontrándose con aquellos que partieron antes o, en el mejor de los casos, con ellos mismos siendo felices.

Llegamos a la casa principal, el edificio donde aterrizaban las góndolas, el desvencijado inmueble como aquel abuelo se arregla para recibir a sus nietos, así quiero ver este lugar, que con más de 40 años de haber sido levantado y haber soportado el hormigueo de los saqueadores durante años todavía maravilla por lo que fue, por las risas que regaló, y ahora descansa en paz al ver volver a sus chiquillos ya siendo adultos.

No hubo uno que no se sorprendiera, te lo prometo, no hubo uno que no se llevara una foto. Personas sencillas que como yo nunca creyeron que el teleférico volviera a abrir sus puertas, y ahora en 2018 están de pie en una de las grandes construcciones de todos los tiempos en El Salvador.

Nunca disfruté tanto un viaje y me alegra saber que sigue habiendo personas que valoran lo que fue y lo que puede llegar a ser si se juntan los elementos y las personas adecuadas para hacerlo florecer.

Esto va por ese joven que viajó desde Sensuntepeque para conocer un lugar al que subió con su familia cuando no tenía ni dos años, va por el amigo que me dio ánimos para compartir mi viaje cuando los nervios me comían horas antes del primer ascenso, va por Tita, quien me mostró la foto de su padre en el teleférico (su lugar favorito en todo el mundo), por ellas, el grupo de amigas que nos hizo revivir sus amoríos de juventud entre máquinas de diversiones y cafetales. Por la pareja de historiadores, los que sabían de la calidad del café, los que subieron cuando les aconsejaron no hacerlo y sobre todo por los propietarios que celebran al poder compartir la joya que poseen para el deleite de todos. Y también por la que no suelta mi mano y los que me dieron la vida.

Va por todos, por los que creyeron sin haber visto y por los que ahora comienzan a creer luego de que los primeros aventureros finalizaron en paz su ascenso.

¡Amigos, lo logramos! La puerta se ha abierto para todos.

Si quieres ayudar a que el Reino del Pájaro y la Nube cobre vida recorriendo su historia, que es la de todos, contáctame.

 

Vértigo Los cerros y montañas que son parte del área son capaces de retar al más valiente.
Ruedas El pulpo y los carros chocones eran solo algunas de las ruedas que regalaban alegría y adrenalina a niños y adultos.
Atardecer Los atardeceres desde el teleférico siguen hermosos, pese a que el lugar ahora luce totalmente diferente. Ni la sombra de lo alegre que fue por años.

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