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Guadalupe Araoz, la argentina que recorre el mundo en moto

Dejó todo en Buenos Aires, incluso a su amada gata, Catalina, por encontrarse a sí misma y lo que la haría realmente feliz.

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Guadalupe Araoz, la  argentina que recorre el mundo en moto

Guadalupe Araoz, la argentina que recorre el mundo en moto

Guadalupe Araoz, cambió su vida por recorrer el mundo en moto

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 En algún rincón de Buenos Aires hay una gata siamesa llamada Catalina. Hace poco más de un año -para ser exactos, en febrero de 2015-, Guadalupe Araoz, su dueña, una argentina de 33 años, le dijo "hasta pronto". Así nació una aventura que desde entonces se encuentra documentada en el blog hastaprontocatalina.com
 
 El año pasado decidió dejar su ciudad para recorrer todo el continente americano junto a Sami, su moto, por una sencilla razón: no se encontraba a sí misma ni estaba conforme con su estilo de vida.
 
 Tenía un buen trabajo en mercado de capitales, al que renunció hace tres años. Era una exitosa economista, siempre vestía bien, comía sushi tres veces por semana y tenía un gran nivel adquisitivo; pero la rutina bonaerense la tenía tan ofuscada que decidió buscar alivio en Asia. Fue la primera vez que dejó su hogar. LLegó en avión a su primer destino: China.
 

 - ¿Vos iniciaste esto solamente buscando un estilo de vida diferente o tenés un mensaje que querés transmitirle al mundo?
 

 - Yo empecé esto buscando lo que a mí me hacía feliz... Me pregunté a mí misma -bueno, me preguntaron en realidad- ¿qué es lo que me haría feliz si pudiera decidir todo de vuelta, si tuviera 20 años y todo el dinero del mundo? Y decidí que era eso: escribir, la fotografía y sentir que estaba dando algo a cambio. En el blog siento eso.
 
 
 Una fractura en el pie, producto de una caída en su segunda parada, Indonesia, la impulsó a aprender a manejar motocicleta. Esa es la causa por la cual ahora se moviliza en una Honda Enduro XR 125 L, ya que, al sanar la lesión, se le dificultaba andar a pie o en el transporte público.
 
 - Me di cuenta que andar en moto es otra forma de conectar con el mundo, te sentís "parte de". En un auto estás como muy aislado, dice.
 
 Un grave accidente en Camboya, en el que se fracturó la clavícula, la obligó a regresar a Argentina, en donde la operaron por segunda vez (la primera operación fue en Camboya). Tras su recuperación, no pudo aguantarse por subirse nuevamente a la moto.
 
 Así inició su recorrido en Ushuahia. Luego subió por Uruaguay, Perú, Colombia, Bolivia y demás países de Sudamérica y Centroamérica, hasta llegar al pulgarcito.
 
 Sentada sobre su motocicleta, en la entrada de las ruinas de San Andrés, en El Salvador, recuerda su visita a Suchitoto, departamento de Cuscatlán, y lo mucho que le encantó que la gente estuviera con las puertas abiertas y conversando en la calle. También cuenta que, durante su paso por el país, se come una “pupusita” todos los días.
 
 
 Cambia de posición, se acomoda y comenta:
 
 - La pregunta que más me hacen es si soy millonaria. No, no soy millonaria, vivo con 300 dólares al mes que es bastante poco.
 
 - ¿Cómo los conseguís?
 
 - Los junto entre patrocinios y además escribo para revistas de viajes.
 
 Su presupuesto es sobre todo para gasolina, para comer y para subsistir en los lugares que visita. Duerme en carpas, en estaciones de servicio, en campings, al lado de las montañas e incluso en gasolineras. También consigue hospedajes por medio de la empresa CouchSurfing y los lectores de su blog le ofrecen posada.

 
 La comida la prefiere de mercados y lugares callejeros.
 
 - Me di cuenta que es muy útil preguntarle a los trabajadores, a los que construyen casas, a los albañiles o a los mismos camioneros que siempre paran en lugares baratos y que tienen muy buena comida.
 
 -¿Y cómo ha sido tu experiencia en los destinos que has visitado?
 
 - Lo que más me impresiona es lo buena que es la gente y la solidaridad hacia el viajero. A nosotros siempre nos meten un chip de que el mundo es inseguro, que la gente es mala. Y por supuesto que hay razones para creer eso y que más de alguien te puede hacer daño, pero el 90 % de la gente para mí es buena. Te lo digo yo que viajo sola y estoy en constante riesgo, o al menos así lo ve el resto.


- ¿Qué opinas sobre el paradigma del peligro que representa para la mujer viajar sola?
 
 - Es inseguro viajar sola como mujer, pero también lo es como hombre. Los peligros los minimizás al tomar ciertos recaudos. Además, ese estigma de que la mujer maneja mal me sienta re bien, porque cuando ven el pelo largo incluso se apartan para que yo pase.
 
 Guadalupe cree que sí existen los ángeles; que de pronto llega una persona que te enseña algo muy fuerte y te hace cambiar... O que a veces el ángel sos vos y por eso hay que ser siempre positivos y seguir adelante, porque no se sabe a qué niño o adulto se está inspirando. Eso es lo que busca transmitir en sus redes sociales.
 
 Dice que cuando llegó a El Salvador paró en una esquina para ver su celular y saber cómo continuar. El conductor de un camión se detuvo a su lado, le pitó, bajó el vidrio y le dijo: “Aquí no parés, porque es muy peligroso, tratá de seguirme y yo después te pongo en tu rumbo”. El camionero la llevó hasta la calle que necesitaba para continuar. Asegura que ese tipo de situaciones le pasan todo el tiempo.
 
 
 - ¿Nunca tuviste miedo?

 -El miedo es algo constante en el ser humano. Nunca vas a dejar de tener miedo, pero es como un dispositivo para tener cuidado y tomar medidas; no hay que tomarlo como algo que te frene. Si uno hace esfuerzos, la vida provee y todo va apareciendo de a poco. Si no aparece es porque tenés que cambiar de camino, tenés que girar un poquito para aquel lado.
 
 Guadalupe sabe en quién confiar siguiendo su intuición, pero cree mucho en las personas de la calle. No viaja de noche jamás porque le da la impresión que los límites del mundo se desfiguran durante las horas nocturnas. Asevera ser muy organizada, aunque la gente piense que su vida es un “tiro al aire”.
 
 -¿Alguna vivencia que te haya marcado?
 
 - Tengo varias, a ver... Nunca sé cuál elegir. ¿Puedo contar más de una?
 
 - Sí podes.
 
 Narró cómo conoció a un joven argentino sin estudios, con un gran talento para hacer artesanías, que un día decidió empezar a dormir en las plazas y vender su arte. Con el dinero recaudado logró construirle una casa a su familia.
 
 - Yo lo miraba y le decía: es impresionante tu historia, pero vos tenés talento, vos sabés qué hacés bien y qué le gusta a la gente. Yo no, ¿yo qué hago? No tengo ni idea, yo estudié economía y números.
 
 Él le respondió que no hace falta hacer algo perfecto, que basta con que le guste a alguien más para ir mejorando. Su otra vivencia especial la tuvo en Indonesia, en donde no podía permitirse pagar un hotel caro. Su plan era acampar en una estación de buses.
 
 -Me voy a la estación de buses y era un árbol. ¿Y ahora qué hago, adónde duermo? Me encontré a un chico que hablaba inglés y me llevó a la casa de su familia, en la montaña.
 
 Allí las viviendas las construyen trenzadas, de palmeras. No hay agua caliente, luz, gas natural, nada, en esa parte de Indonesia no existe eso. Llovió durante las dos horas de viaje y hacía frío. La mamá del joven le dio su cama y se fue a dormir al suelo.
 
 -Yo tratando de convencerla que al menos durmiera conmigo en la misma cama. Fue una experiencia para darme cuenta que todas esas cosas que nosotros consideramos comunes -el agua, la luz-, en realidad son lujos. Esas cosas me enseñan a ser más humilde y a agradecer los detalles.
 
 A esta viajera, que cree firmemente que la actitud positiva y el hecho de esforzarte por lo que realmente amas hace que las cosas funcionen, no le preocupa su futuro ni lo que ocurra cuando tenga 60 o 70 años. Solo encontrar la felicidad propia.
 
En la mochila que carga nunca le puede faltar su perfume, desodorante, shampoo, una depiladora, su cámara de video, una computadora, una carpa, un botiquín, su equipo de protección, cuatro “remeras”, un vestido, dos pares de zapatos, sandalias de playa y las herramientas para reparar su moto.
 
En El Salvador, sus próximos planes son escalar el volcán de Santa Ana y visitar la Ruta de las Flores. Acá se encuentra tramitando la visa estadounidense. Posteriormente continuará su viaje por Guatemala, Belice, México, Estados Unidos, y llegará hasta Alaska. Piensa regresar a México luego para conocer mejor el país. Esta travesía finalizará en el 2017. Después su destino es Europa.
 
 
 

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