Hijo de papi

Si este deja a su hijo hacer berrinche, tirar los juguetes, irrespetar las reglas de la casa, manchar las paredes, responder mal a otras personas, y otras malacrianzas, ese niño crecerá pensando que tiene derecho a todo.
Enlace copiado
Enlace copiado
Parte de la culpa la tienen los padres de familia, ya sea por la paternidad irresponsable o por el otro extremo de la paternidad, en el cual se crean pequeños tiranos al consentir y malcriar a sus hijos. Un padre, por muy educado y adinerado que sea, si cría a su hijo dándole privilegios y haciendo pensar que está por encima de todos y todo, hasta por encima de la ley, crea monstruos que son egocéntricos, soberbios y caprichosos. Estos niños son unos perfectos “hijos de papi”.

Este artículo es un llamado a los padres de familia a asumir con seriedad el rol de líderes en sus propios hogares. Hablamos de la polarización y deseamos que se termine, pero eso requiere un esfuerzo de muchos años y una visión de país unificada. Las nuevas generaciones, y sobre todo nuestros hijos, se forman y actúan según el ejemplo que reciben en casa. Pero no es solo el ejemplo el que los forma, sino también la disciplina del padre.

Si este deja a su hijo hacer berrinche, tirar los juguetes, irrespetar las reglas de la casa, manchar las paredes, responder mal a otras personas, y otras malacrianzas, ese niño crecerá pensando que tiene derecho a todo. Por otra parte, en lo material, los niños deben entender que el dinero proviene del trabajo. Si un niño nace en una “cuna de oro”, donde papá le dio todo, y que nunca trabajó duro para demostrar su peso propio, se creará la falsa impresión de que es un exitoso empresario, cuando en realidad es un “exitoso” heredero.

Los padres tienen que enseñarles a sus hijos la necesidad de obtener una educación universitaria (por lo menos) y dejarlos volar con sus propias alas, que busquen su propio rumbo, que formen su propia empresa, que demuestren su valor de iniciar algo y terminarlo. Al niño que se le permite todo y se le da todo, se convierte en un hijo de papi, que seguirá por la vida pensando que todo el mundo que le rodea lo admira por quien es, cuando en realidad están cerca por conveniencia.

El riesgo de ser demasiado permisivos es que sigamos replicando la fábrica de hijos de papi que tenemos hoy. La disciplina empieza por corregir las pequeñas malcriadezas de la niñez antes de que estas se conviertan en delitos de la adolescencia. Cuando se crían hijos de papi, estos inician cometiendo “pequeñas” travesuras, y con el argumento de que no es tan importante como una falta grave, se le envía el mensaje equivocado de que un delito pequeño es aceptable y que solo los delitos graves tienen que responder ante la ley. No se puede esperar que un ladrón de pequeñeces, con el paso del tiempo, al sentirse protegido por la impunidad, siga su escalada de crimen hasta llegar al homicidio.

Los niños tienen que aprender de los padres que toda acción tiene consecuencias. No pueden pretender que un niño crezca como un ciudadano modelo y mucho menos como un líder, sino aprenden a asumir las responsabilidades de sus acciones. Esta responsabilidad incluye responder ante las autoridades, que cuando están pequeños son los mismos padres, maestros, abuelos, entrenadores, etc. En la medida en que estos niños llegan a convertirse en adultos, los hijos de papi ven a las autoridades y leyes como algo que no les aplica y buscan pisotear incluso con bravuconería.

 Así que hago un llamado a los padres de familia para examinar si están creando ciudadanos honrados, respetuosos, con valores o si están creando los hijos de papi del futuro. En sus manos está el futuro de nuestro país, y recuerden que el peligro es que usted esté creando un hijo de papi que pudiera llegar a ocupar una posición importante en nuestra sociedad como un médico, abogado, ingeniero, arquitecto, juez, o incluso llegar a ser un servidor público como diputado, alcalde y hasta presidente, lo cual fuera catastrófico para nuestro país.

Tags:

  • luis r. portillo
  • hijos
  • padres
  • educación
  • responsabilidad
  • trabajo

Lee también

Comentarios

Newsletter