Inseparable compañero

El objeto transicional es un artículo que representa la imagen de seguridad que los padres significan para sus hijos. Por eso algunos pequeños lo llevan a todos lados.
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<p>Puede ser que algunas personas en un momento hayan tenido un objeto del que no se querían separar en su niñez. “Este es el objeto transicional, llamado también objeto de apego o de consuelo, el cual puede ser un oso, una almohada, una frazada, un cojín, un chupón (pepe), entre otros”, explicó la psicóloga Isabel Camarena. </p><p>Se le llama transicional porque representa el apego que sienten los niños hacia sus padres. Este puede acompañar al pequeño a donde vaya. También en casa no se separa de él, puede ser que mientras come o duerme lo tenga a su lado. Cuando este objeto necesita limpieza, puede ser que los niños lloren o griten porque se les separa y no están acostumbrados a estar sin él. </p><p>En general, este objeto tiene normalmente la textura suave, la cual le recuerda al niño la protección materna. “El niño recurre a este objeto a partir de los tres meses hasta los cuatro años, lo busca constantemente durante el día, para dormir, cuando se siente inquieto, feliz, triste, enojado; es decir, hay una relación constante. Cabe mencionar que no todos los niños tienen este objeto”, agregó la especialista.</p><p>Este artículo puede cumplir con algunas características. Por ejemplo, el niño lo elije arbitrariamente. Por más que se intente imponer un objeto determinado, es solo el niño o la niña quien decide cuál es su objeto especial. No importa que sea el más bonito o el más llamativo. </p><p>También tiene un olor especial. Debido a su manipulación (el niño lo muerde, babea, arrastra, lo abraza, duerme con él) ese objeto tiene un olor particular muy especial para los pequeños.</p><p>Es ese objeto y no otro. El objeto transicional no debe cambiar a no ser que sea su hijo o hija quien decida destituirlo como objeto especial y pasarle los poderes a otro. Aunque le compre un muñeco exactamente igual, querrá el que ha elegido, menciona el sitio web Bebesymas.com.</p><p>“Mi hija, cuando estaba más pequeña, tenía una frazadita que era su adoración. La llevaba a donde fuera; y si se la lavaba, se quedaba parada a la par hasta que se secaba y podía tenerla otra vez”, mencionó Claudia de Rivera.</p><p>“Los adultos debemos comprender y respetar que este objeto le da seguridad al pequeño y le ayuda a manejar la ansiedad. Él o ella va a decidir cuándo dejarlo; incluso cuando se incorpore a la guardería o al kínder lo querrá llevar y es importante respetarlo, ya que esto le da ‘seguridad’ y le recuerda que regresará a casa, a la protección de los padres”, argumentó Camarena.</p><p>Es necesario tener en cuenta que esta es una etapa por la que pasan algunos niños, pero como toda etapa, debe llegar a su fin. Lo idóneo es que llegue hasta los cuatro años de edad. “Después de los cuatro años, si no ha superado la relación con el objeto, sería necesario buscar apoyo psicológico, ya que esto da el indicio de que no hay seguridad personal”, concluyó la especialista.</p><p>&nbsp;</p>

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