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“Kintsugi”, la belleza de la cicatriz

Dicen que es de valientes sonreír mientras uno está hecho pedazos, pero valentía es ante todo ser capaz de recoger cada retazo de esos sueños rotos y reconstruirse de nuevo, para ser más fuerte, más digno, más hermoso.
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Nadie sabrá las veces que has logrado mantenerte en pie aun sabiendo que estabas cayéndote a pedazos. Porque la valentía nunca es ausencia de sufrimiento o dolor, sino la fortaleza de seguir adelante a pesar del miedo. A menudo, los neurólogos y los biólogos recuerdan que el cerebro está preparado evolutivamente para sobrevivir a todo tipo de adversidades. Ahora bien, cada vez que llama la amargura a la puerta y el sufrimiento pregunté “por qué a mí”. Intenta sustituir dicha pregunta por otra mejor: “para qué”.

La psicóloga y escritora Valeria Sabater explica que pocos instantes vitales van a demandar tantos recursos internos como esos en los que sientes como si todo tu ser se hubiera derrumbado por dentro y solo quedan escombros. Las depresiones, las decepciones o las pérdidas son momentos de gran dificultad. Instantes en los que se pone a prueba la valentía personal de renacer en fortalezas a partir de las debilidades.

En Japón existe una técnica ancestral llamada “kintsugi” mediante la cual se reparan objetos rotos de cerámica. Se realiza utilizando un adhesivo fuerte, sobre el que después se aplica polvo de oro. El “kintsugi” es un arte delicado y excepcional donde no se busca que la pieza rota y fragmentada recobre su forma original. Cuando reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro y creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.

El resultado es que la cerámica no solo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. El “kintsugi” añade un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hace que antiguas vasijas pegadas sean aún más valoradas que las que nunca se han roto.

Al contrario, para la cultura nipona unir esos pedazos quebrados mediante el oro o la plata le confiere una vitalidad y una historia única a dicho objeto. Además, un hecho notable a tener en cuenta es que estas piezas de cerámica antes tan frágiles, ahora, además de bellas, son increíblemente resistentes. El sellado de sus heridas con oro las hace irrompibles.

Cuando algo valioso se quiebra o se rompe, una forma de superarlo es no escondiendo su fragilidad o debilidad. Porque esos vínculos lastimados pueden repararse gracias a la resiliencia, a esa aptitud para sobreponerse de toda dificultad para sellar con oro cada herida, cada hueco, y alzarte como criatura aún más fuerte.

Estrategias para unir los “pedazos rotos”

Según explica la psiquiatra Rafaela Santos en su libro “Levantarse y luchar”, a pesar de que la neurociencia diga que todos pueden ser resilientes, esta capacidad no parece tan sencilla de poner en práctica. De hecho, según sus propios datos, solo un 30 % de la población logra superar un trauma.

Recoger los “pedazos rotos” no es fácil, pero no imposible. El cerebro humano tiene cerca de 100,000 millones de neuronas que crean a su vez un billón de conexiones neuronales. Si aceptas que todos, de algún modo, son arquitectos de sus propios cerebros, también aceptarás que eres muy capaz de encender tu valentía personal, tu fuerza y optimismo para favorecer el cambio. Así, se producirá la sanación que refleja al arte de Kintsukuroi, a través de la que te convertirás en una persona más fuerte gracias a los hilos dorados de la resilencia.

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