La locura también es sana

Todos deberíamos contar con un punto de locura que nos permita no agobiarnos con los cambios imprevistos, disfrutar al máximo de esos pequeños detalles y de lo bueno y malo que la vida nos ofrece.
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Como decía el escritor británico Gilbert Keith Chesterton, “loco no es el que ha perdido la razón, sino el que lo ha perdido todo, todo, menos la razón”.

Una de las mayores limitaciones que suele tener el ser humano es la rigidez de esquemas y de perspectivas que con el pasar de los años va creando y perfeccionando. Llega a un punto de olvidarse de ese niño interno que todos tienen pero que muchos ocultan. Y es aquí donde nace la imposibilidad de dotar nuestro día a día de esa flexibilidad de pensamiento, de esa impresión y admiración ante la vida, perdiendo la sensibilidad a todo lo que nos envuelve y limita en muchos casos nuestra capacidad de ser felices.

El término locura como tal asusta, ya que hace referencia a un trastorno o perturbación patológico de las facultades mentales. Pero antes de caer en etiquetas es bueno recordar que si la locura es sana, se convierte en alegría y libertad, dando un tipo de personalidad que se permite romper moldes y que trae luz a nuestra vida.

La locura sana es, ante todo, una actitud. Es la capacidad de relativizar las cosas para dotarlas no solo de cierta distensión, sino de un optimismo contagioso que nos permita entender que, en ocasiones, el sentido del humor es la mejor medicina para el corazón y para afrontar las pruebas.

La vida es, ante todo, actitud. El modo en que gestionemos lo bueno y lo malo que nos ocurre hará que nos permitamos ser más libres o, por el contrario, nos aferremos al escepticismo, a la baja motivación, a una etapa de sufrimiento y melancolía. Y es aquí donde se debe de tomar en cuenta un punto muy importante, y es que Dios y la vida no te dan la capacidad de soñar, de vivir, de ser feliz, sin darte también la posibilidad de convertirlo todo en realidad, esto sin importar la dimensión del obstáculo que encuentres en tu vida, naciste con la capacidad de superarlos.

Nadie ha dicho que es fácil aceptar lo casual, lo inesperado, lo que derriba nuestras fuerzas y que se escapa por completo a nuestro control. Es por ello, que las personas con sana locura tienen una alta tolerancia a lo imprevisto porque no lo ven como un abismo sino como un nuevo reto, como una oportunidad de construir nuevas fuerzas y de experimentar algo que trae escondida una enorme enseñanza.

El miedo puede ser parte de todo ser humano, el problema ocurre cuando este lo limita. Lo improvisto pone a prueba esa flexibilidad mental que tanto necesitamos para movernos cuando todo se torna color gris y nos ayuda a desarrollar nuevas estrategias para afrontar ese nuevo reto.

Aprende a vivir con locura sana donde puedas disfrutar aún de esas pequeñas cosas que la vida te ofrece, porque si no sabes disfrutar de lo pequeño tampoco sabrás disfrutar y menos valorar lo grande.

No importa cuán difícil pueda ser por lo que estés pasando o qué tan desesperante sea, ten fe en que una solución llegará, lucha por ella y ¡ten la certeza! de que habrá un final feliz. Sonríe, sonríe siempre y atrévete tú también a vivir en ese punto de sana locura que tanto necesitamos.

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