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Mujer Dr. Álvaro Sierra Londoño Médico pediatra y orientador familiar

Las familias deberían revaluar lo que significa el amor”

En una entrevista con el doctor colombiano Álvaro Sierra Londoño, se habla sobre el verdadero significado del vínculo entre padre e hijo. El orientador familiar y especialista en educación compartirá una ponencia mañana.
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Dr. Álvaro Sierra Londoño Médico pediatra y orientador familiar

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El doctor Álvaro Sierra Londoño brindará una conferencia mañana a las 7:30 de la noche en el auditorio del Museo Nacional de Antropología, denominada “Los padres que los hijos sueñan y necesitan”. La ponencia, que fue organizada por la Fundación ICEF, pretende ser una guía para las familias que desean dar un paso más en la formación de sus hijos. El costo por matrimonio es de $35, y de $25 si es individual.

Doctor, coménteme un poco sobre la conferencia que brindará.

Mire, hace unos años, no muchos, usted no necesitaba decirle a un padre de familia qué era lo que tenía que hacer. En general, la gente tenía más o menos claro qué cosas correspondían hacer a un papá y a una mamá. Hoy en día las cosas se han hecho más complejas, pues los padres no van al mismo ritmo de los hijos, porque tal parece que los hijos van a un ritmo mucho mayor; entonces, eso genera un poco de crisis.

Una de las cosas que yo pretendo hacer es decirles que no es tan complicado como parece. Hoy, ser papá o mamá es muy complicado. No es difícil, solo que debe ir al paso del hijo. Pero ¿qué es ir al paso del hijo? Simplemente tener un contacto real, una relación lo más adecuada posible, de tal manera que el hijo no se sienta desasistido y no se sienta solo, que no sienta que los papás son un par de extraños.

“Hay una época en la vida de los hijos donde no tiene ningún sentido y no es conveniente ser amigo de los hijos. Lo que los hijos necesitan en ese momento es un papá, una mamá, una autoridad”. 

Además, ahora hay un cierto complejo por parte de los padres, pues los hijos son mucho más listos que los padres. Un muchacho hoy maneja una computadora y la mayoría de las veces habla dos idiomas y los padres dicen “yo esto no lo conozco, ¿cómo puedo ser un buen padre?” Pues yo digo que se puede, siempre y cuando se tenga un vínculo real con los hijos.

¿A qué se refiere con vínculo real?

Todos sabemos positivamente que la actual situación del mundo hace que las personas pasen mucho tiempo en el ámbito laboral y muy poco tiempo en el familiar. Antes, una mamá estaba a tiempo completo en casa y un papá tenía un horario que se respetaba. Pero ahora las cosas no son tan simples, pues papá y mamá trabajan y los lazos familiares cada vez son más débiles. Y esto es lo que hace que los padres frente a los hijos sean unos desconocidos.

Una de las cosas que yo estoy promoviendo es que esto no sea algo de “mucho tiempo” con los hijos, sino que estar muy enterados de lo que pasa con ellos, que los padres entiendan que ellos deben estar muy disponibles para los hijos. Además, los padres deben comprender que el trabajo profesional puede ser una fuerte distracción que se puede anteponer a las relaciones con los hijos. Otras distracciones pueden ser los amigos, los hobbies, las actividades de tiempo libre que manejamos actualmente. No es cuestión de tiempo, es querer hacerlo.

¿Cómo hacer el balance entre ser amigos y ser padres?

Le voy a decir algo que muy posiblemente a muchas personas no se les antoja, muy ortodoxo o muy correcto, pero yo creo que la experiencia lo va llevando a uno por ahí. Hay una época en la vida de los hijos donde no tiene ningún sentido y no es conveniente ser amigo de los hijos. Lo que los hijos necesitan en ese momento es un papá, una mamá, una autoridad. Una autoridad que no está consentida como muchas personas lo entienden, de ser el mandón, el que más grita, el que ordena, sino que hablamos de una autoridad que guía, que protege y da seguridad. Esa es la autoridad que necesitan los hijos.

En ese momento, más que amigos, los hijos necesitan de un papá. Hay situaciones en la vida familiar en que los padres somos percibidos por los hijos como personas inconvenientes. Están a la enemiga con los papás.

Pero ¿cuándo los padres pueden ser amigos de los hijos? Cuando son mayores de edad. No solamente pueden, sino que deben serlo, porque esa ya no es una relación de dependencia, pues el hijo ya tiene más criterio y va tomando las riendas de su vida.

¿Cómo mantener la paz familiar a pesar de la violencia externa?

No se crea usted que la violencia es solo de El Salvador, la violencia está por doquier. Si usted ve Latinoamérica, está viviendo un fenómeno muy singular. Si yo veo que El Salvador tiene una forma específica de violencia, lo que yo tengo que cuestionar es ¿qué me toca a mí como ciudadano para resolver ese problema? Ahí nos damos cuenta de que tenemos mucho por hacer.

Pero ¿cómo le explicamos la violencia a los hijos?

Nosotros tenemos cierto pudor cuando nos vemos ante situaciones tan complejas como la que vive El Salvador. Y nos da vergüenza frente a nuestros hijos, pues aparentemente se les está dando la herencia de un mundo inadecuado. Entonces, tratamos de maquillar aquello con cosas tan absurdas como “eso no es mi problema”, “yo no tengo la culpa de eso que está sucediendo”, y entonces les estamos planteando a nuestro hijos la violencia como algo que está sucediendo fuera de la vida de ellos.

A los hijos hay que presentarles las cosas con toda la realidad del mundo. Por eso hay que decirles: “si tu quieres que eso se resuelva, lo tenemos que resolver en casa”. Repito, sin maquillajes, pues somos protagonistas de eso que está sucediendo afuera y que nos duele tanto.

Al hablar de este problema, ¿qué necesitan las familias para conseguir alejarse de ello?

La familia necesita cosas muy simples: unidad. Lo que está generando conflicto es la desunión. Además, la familia necesita algo que se llama sentido de validez.

Sentido de validez es que yo esté convencido de que todo lo que hago por mi familia vale la pena. Además, las familias hoy deberían revaluar lo que significa amor.

Para mí, el amor tiene un sinónimo: servir. Cuando yo amo a alguien, yo no ahorro ningún esfuerzo para servirle como la persona merece ser servida.

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