Mujer La receta del chef

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En la columna de la semana pasada, les comenté sobre mi maravillosa experiencia con la pizza italiana que probé en mi reciente viaje a Milán; sin embargo, probé más platillos de los cuales estaba muy ansioso por degustar, para confirmar su originalidad. La cónsul de nuestro país en Milán y su esposo (un italiano) fueron muy gentiles en invitarme a un restaurante muy bonito.


Este restaurante, con una ambientación muy moderna, con sillas y mesas de madera, sirve platillos de firma del chef; pero como en todo menú que vi en Milán, no falta obviamente incluir las pastas y alguna que otra pizza. Al final decidí pedir un risotto, este venia en una salsa cremosa con un toque de vinagre balsámico. Como entendía, el risotto (arroz) se sirve ligeramente duro, contrario a lo que los salvadoreños no les gusta. El esposo de la cónsul, Maximiliano, me comento que es inconcebible comer un risotto blando porque eso se asemejaría a una sopa de arroz.
 

Pasando por los demás platillo, pedimos uno en especial que me pareció delicioso, fue un pulpo crocante, acompañado de una salsa (como base) cítrica que se asemejaba a la fruta de maracuyá. Luego, presidimos una generosa pieza de salmón, cocinada a la perfección en horno, y no podíamos dejar por fuera a una pasta. Esta pasta que probé, que lastimosamente no recuerdo el nombre, es rara para nosotros pues son pedazos desiguales de trozos planos. Recuerdo que parecía la sobra de muchas pastas pero de la misma forma. Y para terminar el clásico postre italiano, el tiramisú que sabía a gloria.

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