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“Me convertí en papá el día que murió mi esposa”: la vida de un padre soltero

Luis Campos nunca imaginó que tendría que pagar un alto precio por cumplir su deseo de ser padre.

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Por años, Luis Carlos Rivera Campos había soñado con convertirse en padre, junto a su esposa Marlene Rivera, con quien estuvo casado por 11 años. Soñaba tener hijos que pudieran disfrutar de su compañía y afecto; sin embargo, después de una larga espera por vivir ese momento, su felicidad se transformó completamente en un hecho inesperado.

A sus 21 años, Carlos se acompañó con Marlene Rivera, a quien había conocido toda la vida, pues eran vecinos en Santiago de María, Usulután. Ella había tenido una pareja y un hijo anteriormente, pero eso no representaba ningún inconveniente para él, puesto que en la relación casi todo marchaba bien, excepto por un problema que no les permitía cumplir su sueño. 

Él anhelaba ser papá, pero ella no podía quedar embarazada; así que lo estuvieron intentando por mucho tiempo sin darse por vencidos. Un día, al regresar de su trabajo, recibió la noticia que había estado esperando durante 10 años. “Al ser uno de mis más grandes anhelos, ya se imaginarán cómo me puse; quizá ha sido uno de los mejores momentos de mi vida; creo que lloré”, recuerda Carlos con una gran sonrisa.

Al enterarse del embarazo, supieron que ya tenía cinco meses de gestación. No lo sabían porque Marlene era bastante irregular y se habían emocionado muchas veces sin que su deseo se hiciera realidad. Pero esta vez sí lo fue, y ellos disfrutaron mucho el resto del embarazo, haciéndose muchas expectativas de cómo sería su vida con el bebé que tanto ansiaban tener en sus brazos.

“La idea era que fuera un hogar tradicional: mamá, papá e hijos; porque yo prácticamente crecí con mis abuelos y Marlene sin sus padres, así que nuestras expectativas eran poder tener una familia en la que existiera un normal desarrollo en la niñez y la juventud, sin carecer de uno de los padres”, rememora Carlos con un rostro visiblemente triste.

Cuando por fin llegó el día esperado, él se encontraba nuevamente en su trabajo, pero recibió una llamada en la que le informaron que su esposa estaba a punto de dar a luz. Se trasladó rápidamente hasta el hospital de Santiago de María, Usulután, donde la estaban atendiendo.

Su bebé nació con total normalidad, pero después del parto tuvieron que trasladar a su esposa hacia el hospital de San Miguel, porque le habían reportado un estado de gravedad.

Él no había comprendido lo complicado de la situación, pero al llegar a San Miguel, los esperaban con una camilla especial, lista para conectarla. “En ese momento noté que era algo grave, porque había bastante personal y la camilla, no era normal”, recuerda.

“Así que después de una eterna espera, salieron los doctores y solo me dijeron que pasara a la sala donde la estaban atendiendo, pero cuando entré ya la tenían cubierta con una manta, así que entendí la situación”, describe con dificultad.

Ese día, pasó de ser uno de los momentos más hermosos y esperados para él, a convertirse en un contraste de sentimientos; nació su hija, pero murió su esposa. “Tuve que pagar un alto precio por mi deseo de ser padre”, reconoce con tristeza, aceptando que, a partir de ese momento, su vida cambió por completo.

En ese momento de quebranto, él tuvo que acudir a su madre para que lo apoyara con su hija, a pesar de que no habían tenido una buena relación antes; pero la circunstancia los unió y les ha permitido sacar adelante a la niña.  

Carlos es quien se encarga de proveer todo lo necesario para el hogar, pero además de eso estudia Licenciatura en Ciencias Jurídicas y dedica tiempo a su hija Leah Rivera, ahora ya de seis años de edad, quien disfruta mucho de la compañía de su padre y sus abuelos.

En sus días libres se dedica a hacer las tareas del hogar, para darle un descanso a su madre y aunque para él sea difícil, entre las responsabilidades de la universidad y el trabajo, siempre busca un espacio para disfrutar con su pequeña. Cuando sus horarios se lo permiten, él va a dejar y a traer al colegio a Leah, y algunos fines de semana se escapan para relajarse un poco.

De esa manera es como han aprendido a salir adelante, a pesar de que los recuerdos de Marlene sigan estando presentes en Leah.

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