Mucho más que una conversación

Muchos padres expresan que cada vez es más difícil hablar con sus hijos adolescentes, y al hacerlo se encuentran con una relación muy tensa y de poca confianza. A continuación te compartimos unos consejos.
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La comunicación e interacción personalizadas son muy importantes en el proceso fraternal. El problema nace cuando muchos padres catalogan las conversaciones con sus hijos como un monólogo. Es importante saber que este problema no surgió de una situación aislada, al contrario, estos conflictos, en la mayoría de los casos, nacen de la calidad de comunicación e interacción que el hijo tuvo con sus padres en edades tempranas.

“No existe ningún hijo que no quiera hablar con sus padres. Es un prejuicio asumir que existen hijos totalmente cerrados a una conversación”, expresó el psicólogo Boris Barraza.

El especialista expuso que muchas veces surge una actitud renuente al diálogo de parte de los hijos, cuando los padres desean que ellos se conviertan de forma portentosa en fieles amantes de los deseos de sus progenitores. Es decir que si al padre le apasiona la arquitectura o el deporte, ellos desean que sus hijos se conviertan automáticamente en arquitectos o atletas. Frases imperativas como “yo quiero que estudies leyes, porque a mí me gusta” definitivamente no ayudarán al crecimiento personal de sus hijos.

“Cuando tratamos que nuestros hijos vengan a nuestro mundo, lo más seguro es que nos encontraremos con un choque de intereses. Es importante saber que tres cuartas partes de la población no son la proyección de lo que sus padres”, aseguró Barraza.

Ante esta situación se recomienda que los padres se involucren en los gustos de sus hijos. “Si a su hijo le encanta el rock y a usted no, haga el esfuerzo por acompañarlo a un concierto y conocer las pasiones de su hijo. Recuerde que la mejor manera de descubrir los intereses de los muchachos es participar en sus actividades”, aconsejó.

Cuando tu prioridad es conocer más a tu hijo preguntas como “¿quién es tu mejor amigo?”, “¿qué chica te gusta?” y “¿qué música te atrae?” pueden dar un giro positivo a su relación. “No se puede esperar a los 18 años cuando el problema sea severo. Cada instante de la vida de nuestro hijo es valioso e irrepetible. No hay segundas oportunidades”, enfatizó Barraza.

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