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Naranjos Beach House

Se ubica en Costa Azul en el departamento de Sonsonate, una casa de playa para 10 personas recibe a los viajantes, un lugar privilegiado donde el horizonte es atravesado casi a cada hora por los barcos que parten desde el puerto de Acajutla.
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Naranjos Beach House

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Para llegar a Naranjos Beach House hay que hacerlo por la playa el Monzón, un sitio rural que ha hecho su vida alrededor de la pesca y la venta de los productos del mar. El portal de madera antigua recibe a las familias, una casa acogedora que recuerda a las de campo, zona verde y cocina equipada para preparar los alimentos.

Este es un hogar que se ha abierto a los visitantes, un sitio seguro desde donde conocí la Costa Azul.

Desde arriba el espíritu de las construcciones se revela, líneas de casas de playa a unos metros de la playa, terrenos simétricos con vista al mar.

Me elevé desde la arena para conocer más de este lugar y a cada metro ganado la sorpresa era aún más placentera: líneas y líneas de mar azul, arena y olas. Todas dejando formas en la tierra, mensajes naturales.

La inmensa paz del océano de vez en cuando fue interrumpida por alguna embarcación que luchan contra el mar para obtener sus frutos, por unos minutos una de ellas hizo que su estela compitiera con las olas, volviéndose parte del paisaje. Seguramente ellos no se enteraron, pero con su camino formaron imágenes perfectas, en sincronía con el mensaje que el mar revela.

En mi vuelo volví la vista hacia el norte, allá al fondo algo llamaba, una grieta en la frontera de tierra y mar, una entrada, una ciudad, un pueblo.

Se trata de una bocana con su peculiar figura, el manglar retraído formando como huyendo del agua salada. Se trataba de la Barra de Santiago.

Así pasó el primer día en Naranjos Beach House, y con el atardecer había más por descubrir.

Un nuevo día en Naranjos Beach House

En el nuevo día había más por ver y desde el aire esperé a ver aparecer el astro. Un negro mar era levemente iluminado por el puerto de Acajutla y las embarcaciones que le orbitan, isletas en medio de la negrura del agua salada.

De pronto los primeros rayos comenzaron a teñir de púrpura lo que antes fue negro y el cielo con colores que se desgranaron desde el celeste hasta el naranja: el amanecer.

Apareció de repente para no detenerse, en un segundo lo que antes era negro cobró vida, trayendo los colores de un día en la playa. El sol apareció con fuerza desde el oriente reactivándolo todo.

Con la energía que quedaba descubrí esa bocana que llaman Monzón y su peculiar forma de cuma, mismo camino por el que pasé sin saberlo en mi viaje hacia Naranjos Beach House.

Lo vi todo desde una casa de playa construida por familias con la idea de brindar un hogar a quienes lo visitan. Una playa que pasa del negro más intenso al azul más encendido por la acción del sol. Un lugar llamado Naranjos Beach House.

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