Parto vaginal después de la cesárea

Recientemente, unos grandes amigos se convirtieron en padres por segunda vez. Justo en los días previos a la fecha de nacimiento del bebé tuve la oportunidad de visitarlos y encontré que había un tema que les generaba una diferencia de opinión: Ella deseaba que naciera por parto vaginal, siendo necesario mencionar que el hijo mayor está próximo a cumplir cuatro años y nació por cesárea.
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Él tenía sus dudas al respecto de si esa vía era la adecuada por el antecedente. En las siguientes líneas intentaré resumir lo que les mencioné a ellos, sin desligarme del vínculo afectivo existente, desde mi punto de vista como médico familiar.

Si bien la ruptura uterina (definiendo esta como un desgarro o perdida de la continuidad total o parcial del músculo del útero y del peritoneo visceral en el momento del parto) durante un intento de parto por vía vaginal en mujeres con antecedente de cesárea es poco frecuente (según estudios norteamericanos, la incidencia es del 0.7%; es decir, menor a uno de cada 100 casos) por ser el riesgo más temido es un factor que no debe dejar de considerarse al momento de tomar la decisión de optar por esta vía, ya que las complicaciones que produce (que se pueden asociar a la abertura de la cicatriz uterina previa, un parto espontáneo rápido, multiparidad, desproporción entre el tamaño del bebé y la pelvis materna o una presentación anómala no reconocida) son de un considerable riesgo tanto para la madre como para el niño: histerectomía (extracción quirúrgica del útero), shock hipovolémico por la pérdida sanguínea, probables alteraciones del desarrollo neurológico del recién nacido, etcétera.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos recomienda por este bajo índice considerar someter a todas las pacientes con cesárea previa a intento de parto vaginal, salvo que exista alguna de las siguientes circunstancias:

1. Que persista la indicación por la cual fue indicada la cesárea.

2. Que el feto pese 4,000 gramos o más.

3. Que haya alguna contraindicación para el parto vaginal.

4. Que no se pueda llevar un control adecuado del parto (fuera del hospital).

5. La falta de un anestesiólogo y un neonatólogo durante todo el trabajo de parto.

La mujer embarazada debe tener a su disposición la información necesaria sobre los riesgos y beneficios que implica un trabajo de parto posterior a una cesárea y tomar la mejor decisión de la mano de su médico. Aunque el parto vaginal es seguido de una recuperación rápida y de menos consecuencias reproductivas a largo plazo que la cesárea, pero está presente el riesgo de la ruptura uterina y lo que puede ser un episodio catastrófico para la salud de la madre y del recién nacido por lo mencionado anteriormente. Los números son fríos y estadísticamente un caso de cada 100 no causaría alarma a quien los lee, a menos que él o algún familiar sea ese uno.

Volviendo a mi amiga, después de varias horas de trabajo de parto, ella escuchó el primer llanto de su hijo durante la cesárea debido a que se presentaron circunstancias que hicieron que la vía vaginal dejara de ser opción. La recuperación fue la de todo acto quirúrgico y ameritó ayuda en el cuido de ambos niños pero fue satisfactoria y sin ningún tipo de complicación.

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