¿Por qué comer, beber y amar el jengibre?

El jengibre es el gran difusor. Aspiras su aroma y parece que te abre la nariz, la garganta y los pulmones.
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La presencia del jengibre es imborrable. No puedes agregar jengibre y no hacerlo sobresalir. Esa innegable identidad, ese no parecerse a nada, no es casual: hay un compuesto químico, el zingibereno, que se encuentra en los aceites esenciales del jengibre: eso es lo que le da la parte más distintiva de su personalidad.

A veces el jengibre viene acompañado de otras especias, como el polvo de 5 especias de la China o los muchos polvos de curry de la India (jengibre en chino es jiang). En general, en las cocinas occidentales tiende a rallársele, a picársele muy fino o a retirársele de la preparación una vez que la ha imbuido de sabor: así de potente es su persona.

Las recetas que pueden prepararse son diversas. Los maestros de sushi conocen su poder limpiador y lo sirven, encurtido, como parte de lo que nosotros podríamos llamar “guarniciones”. Las muchas cocinas de Tailandia serían sencillamente impensables sin él. A su vez, es una gran idea incluirlo en las bebidas y los cocteles que prepares en tu hogar.

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