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    Seis pasos para tratar los celos entre hermanos

    Trabajar correctamente estas rencillas es clave para las futuras relaciones sociales de tus hijos.
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    Seis pasos para tratar los celos entre hermanos

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    Los hermanos son unas de las personas más importantes que tenemos en nuestras vidas. Cuando somos padres por segunda, tercera o más veces, nuestros hijos no solo se convierten en hermanos, sino que su relación va mucho más allá. Pero es importante saber que de la relación que creada entre ellos durante la infancia y adolescencia, dependen en gran medida sus presentes y sus futuras relaciones sociales.

    Por eso, inculcar los valores y el amor entre ellos no deja de ser primordial. Un niño constantemente molesto con su hermano será un problema para la sociedad y ante todo para sus padres.

     

     Aportar atención individualizada: 
    Para ir creando en casa una atmósfera de normalidad, en la que ya no solo tenemos un hijo o dos, sino que hay otro más, es muy necesario pasar tiempo a solas con cada uno. Es un consejo complicado, dado el estilo de vida que se lleva; sin embargo, hay que intentarlo a consciencia un poquito cada día y los cambios serán evidentes. Este tiempo, aunque sea únicamente de 5 minutos, debe ser para estar a solas con cada hijo y sin exigencias, un momento de disfrute mutuo y juego libre para comunicarnos y estrechar lazos.


    Entender los celos como un proceso normal: 
    Es vox populi catalogar los celos como algo negativo, pero en realidad estos no son malos, son absolutamente normales. El primer hijo está acostumbrado a tener a sus padres disponibles solo para él; y aprender a compartir a las personas que más le quieren, le protegen y le guían no es nada sencillo; al contrario, es un acontecimiento difícil y que necesita gran comprensión por parte de los padres. No importa lo bien que hayamos preparado a nuestro hijo, los celos pueden conllevar un aparente retroceso en su desarrollo (vuelve a hacerse pipí, necesita ir en brazos de mamá, etc.). En este caso, lo mejor es acudir a un especialista y darle su espacio.


     Preparar un sitio para cada uno: 
    Unido al punto anterior, cada uno de nuestros hijos es único y especial, y necesita su propio espacio. No importa si es una habitación o un trocito de la misma, pero que sientan que dentro de su hogar tienen su lugar. Además, debes tomar en cuenta que será importante para él que respetes sus gustos. Por ejemplo, si a su hermano le gustan los dragones y a él los carros, debes apreciar ambos y hacerles saber que ambos son maravillosos a su manera. Esto hará que ellos también respeten sus gustos y no se juzguen en ningún momento. 


    Trabajar las emociones adultas: 
    Estas circunstancias entre nuestros hijos nos suelen poner muy nerviosos, no sabemos cómo afrontar estos cambios y hacemos precisamente todo lo contrario a lo adecuado. Es importante mirarse a uno mismo y reconocer lo que estamos sintiendo y por qué, así como respirar, reflexionar y siempre guiar las situaciones con el sentido común y el respeto, independientemente de lo que sientan nuestros hijos y los motivos que tengan. Tener el control es esencial, porque ellos notarán que si tu carácter no tambalea en ningún momento, ellos deben respetar. Asimismo, trabajar las emociones adultas implica poder dialogar con ellos de forma que se sientan comprendidos. Es necesario que siempre sea respetado y atendido.


     Saber actuar en los momentos difíciles: 
    Las peleas entre hermanos son absolutamente naturales, están creciendo y aprendiendo a medida que avanzan juntos por el camino de la vida. De todos modos, hay situaciones más intensas que otras y que, por tanto, necesitan un buen apoyo para ayudarles a solventarlas y a fortalecer su relación. Es necesario que los padres sepan que ellos son protagonistas en la historia de la relación de sus hijos. Primeramente, dejaremos que hablen, tomen decisiones, se relacionen... después, nos acercaremos a ellos y dialogaremos tranquilamente sobre lo que pasa, sin juicios ni etiquetas, escuchando atentamente todas las versiones, ofreciendo apoyo a todos, ayudándolos a buscar soluciones sin imponer la que a nosotros nos parezca correcta, dejando que ellos expresen lo que sienten y lo que necesitan. Es importante que se les permita buscar una solución donde ambos estén de acuerdo.


    Parar el comportamiento agresivo: 
    Siempre hay que poner límites ante un comportamiento violento e impulsivo de un hijo hacia otro. La violencia y la agresividad no se deben permitir en ningún caso.  Sin embargo, no frenaremos estas actuaciones utilizando más violencia (gritos o castigos). Si lo hacemos, la única moraleja que enseñaremos es que para relacionarse con sus hermanos y con cualquier persona la violencia es correcta y está permitida.

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