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Seis señales de que está siendo víctima de una persona tóxica

Las personas tóxicas están en todos lados. En breve te brindamos las técnicas más certeras para neutralizar sus manipulaciones.
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Seis señales de que está siendo víctima de una persona tóxica

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En apariencia, son personas normales. Visten como usted, caminan erguidos. Duermen, comen. Pero algo tienen. Es difícil determinar qué exactamente, pero sobre ellos habita una nube negra invisible. Se mueven con soltura entre las sombras, el desánimo, el sentimiento de culpa y la manipulación. Pero ahí están, disfrazados de compañeros de trabajo o, incluso, de amigos, dispuestos a succionar su alegría contagiándole sus penas.

“En ocasiones, creemos que este tipo de perfil es inusual, pero las estadísticas apuntan a que una de cada 100 personas presenta rasgos psicopáticos, ‘tóxicos’”, afirma Jesús Matos, psicólogo experto en gestión de la tristeza.

“Meteculpas, envidiosos, profesionales de la herida... así sin”, confirma María Ángeles Bastor, psicóloga experta en orientación cognitivo conductual. En breve mostramos los seis rasgos más característicos de una persona “tóxica” y, sobre todo, técnicas para lograr alejarlos.

No dejan de hablar de ellos

Son profundamente egocéntricos. “Normalmente, suelen tener poca consideración por los sentimientos de los demás porque son muy poco empáticos”, explica Matos. Su objetivo es instrumentalizar a los demás para obtener su propio beneficio y, por eso, uno de sus rasgos más comunes apunta a que siempre están mirándose el ombligo. Son maestros del “mimimi-yoyoyo”.

Le contagian su pesimismo

Aunque a veces lo camuflen. “El perfil de persona ‘tóxica’ es cambiante en cada caso, y no tienen por qué responder a todas las señales”, aclara la psicóloga Bastor. No obstante, la actitud pesimista es habitual, “a pesar de que no sea evidente y esté disimulada con una suerte de optimismo vacío”, continúa la experta. Al ser también muy duchos en el dominio del lenguaje, sus frases presentarán un presumible buen humor aunque, en el fondo, el pozo oscuro quedará patente si se analizan sus palabras al detalle.

Termina dándoles pena

Siempre victimizándose, siempre haciéndose los mártires. Y lo peor: sin hacer nada por cambiar su situación. Compartir conversaciones con ellos supone dejar que asolen nuestro buen humor puesto que, para ellos, todo será horrible. “Pretenderán además que, habiéndonos levantado dolor de cabeza, seamos nosotros los que hagamos su ‘trabajo sucio’, estallando contra una realidad que, si bien a nosotros no nos perturba, termina por hacerlo después de habernos contagiado de su espíritu victimista”, explica Bastor.

No le dejan ni a sol ni a sombra

Le quieren para usted, en exclusiva. Son profundamente dependientes y terminan minando sus derechos y su autonomía, secuestrándoles. “Tanto emocional como físicamente, puesto que nos quieren tener siempre a su lado”, avanza Matos.

Minimiza cualquier éxito ajeno

La envidia es otra de las señales. “Al no tener empatía, minimizan y minusvaloran los éxitos de los demás, y también los de su ‘víctima’”, afirma el experto en gestión de la tristeza Jesús Matos. No saben gestionar sus emociones y carecen de capacidades para actuar de forma saludable, por lo que cualquier rédito logrado por los demás es un factor a abatir.

Jamás sabe por dónde le va a salir

Su estado emocional fluctúa constantemente, buscando que el otro no sepa bien por dónde puede estallar y, de esta forma, procure tenerle siempre contento y satisfecho. “De hecho, ese es el problema: para mantener su estabilidad se le deja hacer, y eso es un boicot al resto, porque nadie se atreve a ponerle límites”, sostiene la psicóloga Bastor. Y así terminan por aflorar sentencias tipo “ya sabes cómo es”; frases categóricas que le permiten seguir ejerciendo su papel dominante.

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